Jilali Gharbaoui, búsqueda de la luz

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¿No ves mi humanidad?

¡Cómo os atrevéis a llamarlo arte abstracto! ¿No comprendéis que es lo contrario a un objeto decorativo? ¿Acaso no halláis humanidad en mis pinturas? Mi historia está en ellas reflejada. Padre murió siendo yo un niño y después se marchó Madre. Me quedé solo demasiado pronto. Tío me recogió, pero acabó por abandonarme y entonces conocí las entrañas de la soledad. Quizás por eso no aparezcan figuras en mis lienzos. Un simple reflejo de mis frágiles horas en el orfelinato. La Ausencia es lo único que he conocido. Y ahora, vosotros llegáis a la exposición y os burláis de mi trabajo. Vuestras críticas me hieren. En esos cuadros he desvelado los secretos más profundos de mi alma. Solo de este modo soy capaz de expresar mi angustia. Pero no escucháis mi voz. Abrazáis en cambio el orientalismo de Delacroix sin juzgarlo, aplaudís el pop art sin atender a su superficialidad y en cambio permanecéis insensibles a mi amor sincero por estos paisajes. Y volcáis vuestras críticas virulentas en el cuaderno de oro. Marruecos, mi país, es donde menos se entiende mi obra. La despreciáis sin contemplaciones. Vuestra mirada no comprende el dolor. ¿No intuís mi alma abandonada en esos trazos? ¿No sentís mi devenir atormentado en las formas sinuosas? ¿No comprendéis mi trágico destino al contemplar esos símbolos ancestrales?

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Mi tierra sanadora

Me incomoda que me observes. Tiemblo de pavor si tus femeninos ojos se cruzan en la calle con los míos. No me gusta ser yo mismo, sufro atrapado en mi propia piel. Maldita congoja omnipresente. Respirar es una experiencia dolorosa. Me impacienta la infinitud de la existencia. Nunca me libraré de esta depresión crónica. Y no hallaré la próxima vez un amigo que me lleve al hospital a curar los cortes de mis brazos. Ni encontraré unas manos que deshagan el abrazo de las aguas del río Buregreg. Os lo agradezco y, al tiempo, os maldigo porque me gustaría estar muerto para dejar de tener miedo a la vida. Solo estas tierras podrán salvarme. Ocres sanadores, calmantes rojos terrosos, negros que me sosiegan. Ahora que estáis a mi lado, ayudadme vosotros a atrapar la esencia de mi país. Solo así llegará la calma. Ninguna terapia me aliviará mejor que una pincelada espontánea, traductora de mis impresiones. Una inspiración repentina que me devuelva al lugar que quiero. Sin meditación, ni reflexión previa. Un furor ensordecedor que me grite cómo expresar mi emoción individual. Una eyaculación volcánica que me empuje a recorrer en pleno trance una nueva aventura. El ansia se aparece entonces en el lienzo y mi sufrimiento se apaga. Puedo volver a mirar alrededor y mi pintura aprende a vivir. Únicamente esta tierra puede poner fin al sufrimiento y a la demencia.

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Cigüeñas de la Chellah

Y recuerdo aquellos días felices en los que dormíamos juntos. Siento aquellos meses que descansábamos abrazados en esta habitación sin ventanas de la Shellah. Yo me despertaba siempre primero, quizás por miedo a que hubieras huido durante las horas nocturnas. Thérèse, tu olor permanece conmigo. Esta mañana he llegado temprano a mi taller. He paseado por el jardín andalusí por el que caminábamos de la mano. Unos gatos jugueteaban como nosotros solíamos hacerlo. El agua discurría tranquila, regando los árboles frutales que pronto florecerán. Dos naranjas se revolvían divertidas en el remolino de la acequia. Este silencio permite que exorcice mi voz y escuche por fin la música que resuena bajo la piel. Me parecía oírte, riendo a carcajadas, devolviéndome la serenidad que tan pocas veces he acariciado. Nunca logré atraparla. La paz interior solo duró apenas un instante para mí, pero atesoro en mi memoria aquel paseo a tu lado en este rincón perdido en el tiempo, rodeados por los restos de civilizaciones olvidadas.

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El vuelo de las cigüeñas

Caminaba entre los muros parduscos, amor mío, y revivía nuestros abrazos. Y recordaba la lejana calma del monasterio de Tiumlilin. También allí la tranquilidad mitigó mi pesar. Observaba las cigüeñas que habitan estas columnas y pensaba en su vuelo liberado. Muchas veces intenté reflejarlo en mis pinturas. Su inspiradora danza me regala el ritmo del lienzo. Luego me han alcanzado los rayos del sol mientras buscaba las aves y, apenas por un segundo, la angustia se ha disipado. Ha conseguido que me olvide de este mal de vivre. He cerrado los ojos y has vuelto a aparecer junto a mí, Thérèse, y me decías que debo continuar hasta encontrar una pintura luminosa que nos aclare la mirada. “Atrapar esta luz es lo único que encuentro capital.”

“Merci pour la joie que tu donnes à la jeunesse marocaine”

Ahmed Cherkaoui

Jilali Gharbaoui es un maestro de los expresionistas marroquíes. Este vídeo quizás despierte tu curiosidad por su obra. Yo ya quedé atrapado para siempre.

8 comentarios sobre “Jilali Gharbaoui, búsqueda de la luz

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  1. Hola, Alberto.
    Sin mucho tiempo libre, leo cuando puedo (y en el móvil) la mayor parte de tus escritos. Comprendí tu zozobra, expectativas y desencanto al enviar tu novela, en “Podrían llamarme hoy mismo” o “No soy nadie”.
    Mis sensaciones fueron parecidas a las tuyas cuando relatas el ritual del cordero. Me encantó el inicio de “El rincón que escogió Tuda” (soy muy exquisita para los comienzos). Escuché recitar a Malika y sonreí al ver a tu madre en la foto junto a ella.
    Pero este texto sobre Jilali Gharbaoui es tan extraordinario que no quiero dejar de decírtelo. Felicidades.

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    1. Querida profesora,
      me abrumas un poco con tus palabras halagadoras, que te agradezco profundamente.
      Con lo que más disfruto es escribiendo estos artículos, pero mi alma ingenieril me pregunta cuáles son los que mejor acogida tienen. Como no hay forma justa de medirlo, me digo que lo importante es el número de visitas y así los clasifico mentalmente. Pero luego alguien me manda un mensaje diciendo que le ha gustado uno cualquiera que no destaca por su número de lectores y concluyo que el impacto cualitativo es más importante.
      Todo esto para decirte que lo que escribí de Gharbaoui es uno de los relatos que más tiempo he estado cocinando en la cabeza y la semana que lo escribí, no paré de ver documentales sobre su vida, leer libros con su historia y ver sus cuadros hasta que sentí que me convertía en él. Así que me encanta que te ha gustado.

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  2. Me has dejado sobrecogida. Al principio he pensado que estabas traduciendo las palabras que había escrito el propio pintor, de lo preciosamente que has descrito su interior, su pasión y también su desesperación. No sé si pintas, Alberto, pero creo que deberías intentarlo. O tal vez no… Pero si pudieses plasmar en un lienzo esas descripciones… sería fantástico. Me ha parecido una maravilla, poesía. Por alguna razón me has hecho recordar los antiguos relatos y también antiguas tristezas de mi propia alma. Ya sabes que te sigo y me encantan tus historias sobre Marruecos, sus lugares, sus gentes y tú en medio de todo ello. Me provocan alegría. Para mí hoy tu relato ha sido completamente distinto, muy profundo, precioso y triste, no tengo palabras para describirlo bien, es como si hubiese tocado mi alma de pintora la de otro pintor. Millones de gracias.

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    1. Querida Olga,
      yo intuía que, al ser tú también pintora, leerías esta entrada con una sensibilidad especial, pero aún así, me ha emocionado la pasión que muestras en tu respuesta.
      No pinto, nunca lo he hecho y no creo que lo haga, pero me encanta la pintura. Visitar una exposición siempre es un motivo de alegría. Quizás debería tomar un día un café y hablar exclusivamente por ejemplo de lo emocionante que es la pintura de Matisse.
      Algunos escritos son también críticos de arte. Siempre han despertado mi curiosidad esas relaciones entre pintores y escritores. Intuyo que ahí hay un camino.
      Recuerdo de manera clara qué cuadro de Gharbaoui me emocionó… y después lei acerca de su recorrido vital. Y terminó por salir esta entrada.
      Mil gracias como siempre por tu visita.

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    1. Muchas gracias. Me alegro mucho de lo que dices. Es un pintor que me gusta muchísimo. Recuerdo el momento en el que vi un cuadro suyo por primera vez. Después leí sobre su vida…

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