Haciendo amigos camino de Sidi Bughaba

Hace tiempo que quiero que Muhsin y Said, mis mejores amigos de Kenitra, se conozcan entre sí. A pesar de lo diferentes que son, siempre he pensado que se llevarían bien. En realidad, ya coincidieron una vez en un concierto, pero después no hubo tiempo para charlar tomando un té. Cuando los veo, a cada uno le hablo del otro y fantaseo con hacer un viaje los tres. Lo he intentado varias veces, pero cuando estuvimos en la taburida, no conocía bien a Muhsin y cuando subimos al Tubqal, no pudo venir Said. Y cada vez que viene uno a cenar, falta el otro, y me resulta imposible juntarlos, como si alguna maldición nos lo impidiera.

Esperado encuentro

Hace tiempo que pienso en regresar a Sidi Bughaba, una laguna cercana a Kenitra que me descubrió mi amigo Yamal. He escogido este mismo domingo porque sé que Said y Muhsin tienen el día libre. ¿Podrán acompañarme? Primero se lo digo a Muhsin, que se anima sin dudarlo y propone invitar a su amigo Shems, que tiene coche, y así llevar unas parrillas para asar algo de carne. Al día siguiente hablo con Said y también se apunta, pero prefiere hacer una pequeña caminata desde Sidi Taibi. Las dos ideas son fabulosas, pero incompatibles. ¿A que al final no hacemos ninguna?

Intentando coordinarlos

Durante la semana hablo con ellos temiendo que, como otras veces, surja algún inconveniente. Y el viernes me llama Muhsin para decirme que no podremos hacer lo previsto. ¡Otra vez la historia de siempre! ¿De qué se trata? Resulta que Shems tiene que trabajar ese día y no podrá venir con nosotros. ¡Qué alivio! El plan sigue adelante. La tarde del sábado llamo a Said para concretar lugar y hora e informarle del cambio de planes. Se ríe, dice que se ha salido con la suya, que al final haremos la caminata hasta el lago.

Zumo de fresa, nueces y Daft punk

Hemos quedado temprano en Bab Fes para ir juntos a Sidi Bughaba, como tantas veces había imaginado. Muhsin ha traído ese zumo de fresa con naranja que me recuerda a nuestros desayunos de Ramadán en la playa, Said lleva la mochila llena de lo que habíamos acordado y yo apenas aporto unos frutos secos y muchas ganas de charlar. Como no tenemos coche, no llevamos parrillas, así que nos preguntamos dónde será el mejor comprar algo de comida. ¿Lo cogemos aquí mismo sabiendo que se quedará frío o nos arriesgamos a buscarlo más adelante? Como no se conocen entre sí, ninguno quiere imponerse y me toca decidir. Llevemos algo por si acaso.

Nos montamos en un autobús, que vuela por la avenida Mohamed V. Al principio, estoy más bien alerta, temo que no se caigan bien y que se estropee la excursión, pero me relajo en cuanto Said nos sorprende sacando un enorme altavoz con bluetooth para animar el trayecto. Algunos viajeros se ponen a bailotear al montar al autobús y descubrir la música shaabi como si nos fuéramos de boda, e incluso el conductor da palmas cuando para en los semáforos.

En camino los tres

Nos bajamos en la gasolinera junto al desvío del lago. Entro a comprar agua y no puedo evitar recordar a Francesca y a Jean-Pierre, que pararon aquí mismo mientras peregrinaban por el Gharb. Al salir, me encuentro a Said y a Muhsin hablando y riendo como si se conocieran de toda la vida. Nos ponemos en camino y nuestras sombras, que se proyectan sobre el asfalto, me hacen darme cuenta de que por fin estamos de excursión los tres juntos. ¡Hemos roto la maldición!

Iniciales que son nombres, cifras que son fechas

Muhsin y Said se preguntan mutuamente sobre sus vidas, hablan muy rápido y apenas los entendería si no conociera de antemano las respuestas. Ahora comprendo cuánto se parecen. Los dos están solteros, viven con sus familias a pesar de haber cumplido los treinta y les preocupa su (falta de) futuro. Pero se entienden de maravilla, incluso hablan de compartir piso. Me encanta ver lo bien que se llevan. Nos hacemos unas fotos con el lago Sidi Bughaba al fondo y de golpe recuerdo cuánto me entristeció que se estropeara mi ordenador, pero ahora ya no me importa haber perdido las fotos antiguas. Lo importante es seguir vivo y poder hacer nuevas y disfrutar de la vida y de los amigos. Caminamos bajo el sol, reímos, charlamos sin parar y prometemos regresar algún día los tres juntos al lago de Sidi Bughaba. Después, en el tren, miro las fotos y sonrío al pensar que hay cosas difíciles de reflejar en una imagen.

Haciendo amigos camino de Sidi Bughaba

3 comentarios sobre “Haciendo amigos camino de Sidi Bughaba

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    1. Ay, sí, estoy enganchado a las caminatas por el campo.
      Fíjate que no encuentro nada especial en que los presentara yo, me parece más bien una suerte conocerlos a ambos.

      Me gusta

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