Pasadas las once de la noche, acabo de llegar a casa con el móvil casi descargado, me siento en la cama para cargarlo y espero un poco mientras contesto mensajes. Se empieza mover la cama, me pregunto si me estoy mareando y me voy a desmayar, parece que están meciendo la cama, ¿serán los vecinos haciendo el amor?, es como si alguien la moviera adelante y atrás, pero estoy solo en la habitación. Se oye un avión, ¿será eso? La lámpara está bailando y va cambiando la luz del cuarto. ¡Terremoto! Escucho el jaleo de los vecinos en el patio que se cuela por la ventana abierta. Me pongo debajo del dintel de la puerta de mi habitación. Oigo que los vecinos están saliendo a la calle y decido hacer lo mismo. Cojo el móvil casi descargado, una botella de agua y un plátano. Los vecinos están asustados, bastante más que yo, salen de casa dejando las puertas abiertas, ¡Fátima, ciérrala y baja a la abuela!, en la escalera hay unos limones caídos. Nadie coge el ascensor, llego a la calle que ya está llena de gente que ha salido tal cual estaba: en pijama o ropa de estar en casa, mi vecino del quinto está descalzo. El personal se aglutina en espacios alejados de los edificios: jardines y rotondas repletos de gente sentada. Algunas sillas para las personas mayores que han salido con ayuda de los jóvenes de la familia. A los pocos minutos todo el mundo está hablando por teléfono confirmando cómo están los familiares. La conexión es mala por exceso de uso. Todo el mundo es de repente experto en sismología. Paseo por las calles, parece una noche de feria con todo el mundo en la calle. Hay situaciones impropias, casi surrealistas, una mujer dando el pecho sentada en un bordillo en pijama. Me llama Morad para saber si estoy bien y me pregunto si no será más grave de lo que me parece ahora mismo. Pasada media hora muchos vecinos deciden montar en el coche para irse a pasar la noche en alguna vivienda familiar más segura. En mi calle, con edificios de seis alturas se ha notado mucho el movimiento. Me acuesto preguntándome si soy el único que va a dormir aquí. Estoy agotado y decido acostarme.
Por la mañana, el drama.


Cojo el teléfono según me despierto, casi trescientos muertos. Es un drama. Así lo escribo en el grupo familiar. Ahora me arrepiento de habérmelo tomado anoche a guasa. Antes de acostare puse en el estado de WhatsApp que estaba bien y ahora tengo varios mensajes de alivio de amigos y conocidos. Desayuno y salgo de casa pasadas las siete de la mañana. Las calles están vacías. Me llama mi hermana y le cuento lo que ha pasado. Dejo de lado lo que quería comentarle de lo que me ha ocurrido esta semana, que ahora pasa a un segundo plano. En el café todo parece normal, excepto que la habitual música hoy es el canal de noticias Al Jazeera que retransmite las mismas imágenes una y otra vez: clientes que huyen despavoridos de restaurantes, un edificio viniéndose abajo, casas derrumbadas, hospitales improvisados. Me empiezan a llover los mensajes preguntándome cómo estoy. Decido marcar en Facebook que estoy seguro. Me contactan de la prensa soriana. Quieres saber si tengo alguna imagen o vídeo. Les mando lo que tengo aclarando que no es tan impactante como las imágenes que me llegan de la zona de Marrakech. Escribo a vuelapluma lo que vivimos anoche y se lo envío por si les fuera de utilidad. Les pido que añadan que va a hacer falta ayuda. Seiscientos treinta y dos muertos, me dice alguien en un mensaje. La tragedia es mayor de lo que he pensado al levantarme. En la televisión se alternan imágenes de algún portavoz de gobierno que informa de la situación con imágenes de la tragedia. Escrito en el faldón van actualizando el número de muertos y de heridos. A mí lado se sienta el dueño del café y el camarero le dice que ya son ochocientos veinte muertos. Al escucharlo me doy cuenta de que de hecho han muerto ochocientas veinte personas. De golpe comprendo la tragedia y se me saltan las lágrimas. Contesto en un mensaje: Estoy bien. Va a hacer falta ayuda. Me contactan de Radio Aragón. Cuento el mismo relato que he escrito antes, pero al final añado que es el momento de mostrar la fraternidad entre España y Marruecos. #EstoyBien #HaceFaltaAyuda

Desde siempre pienso que Marruecos y espana son como dos hermanos que se enfaden pero que no pueden dejar uno a otro, ahora se confirma! gracias por su ayuda .
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Desde siempre pienso que Marruecos y espana son como dos hermanos que se enfaden pero que no puenden dejar uno a otro, ahora se confirma! gracias por su ayuda .
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Estoy completamente de acuerdo. Un abrazo
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Qué alegría saber que estás bien, Alberto. Cuando supe la noticia inmediatamente te recordé.
Las imágenes que hemos visto por televisión impactan. Sin duda se requerirá de mucha ayuda, solidaridad y fuerza para superar lo ocurrido.
Un abrazo.
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Muchas gracias por tus palabras. Un fuerte abrazo
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