El hombre de Armed

"...Habrá madrugado para timar a los primeros senderistas dispuestos a pagar por subir al Tubkal. Y en cuanto se ha visto con el dinero, escudándose en lo de la mochila, ha corrido hacia su casa fantaseando con una buena siesta tirado en el diván..."

La acera de Faris

"...Esquivó a los viandantes y cuando me tuvo a tiro, saltó a mis brazos de un brinco con tal fuerza que temí que se cayera de bruces. Me plantó un beso en la mejilla en cuanto se lo pedí y, de inmediato, avisó de mi llegada a su madre al grito de: gauri!..."

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