Relectura de Chukri con Rocío Rojas-Marcos

Discúlpame, Rocío, si trato en público lo que debería comentarte quizás en privado.

Quería decirte que, a raíz del homenaje a Mohamed Chukri que le hicisteis en Tánger hace algunas semanas, quince meses en realidad, he releído tu librito, la biografía que publicaste en Zut ediciones. Que no te moleste que lo nombre así en diminutivo, que admiro profundamente tu capacidad de síntesis.

Lo primero, y seguramente lo más importante, que te agradezco es que tu libro despierte un apetito enorme de leer a Chukri, comenzando por su trilogía autobiográfica, y que el hambre no se sacie hasta que se termina la última página de La seducción del mirlo blanco. Me has brindado así el recorrido completo desde el niño analfabeto hasta el intelectual reconocido. Ni sé cuántas veces he explicado este viaje en la caseta de Cabaret Voltaire de la Feria del Libro de Madrid después de transitarlo yo mismo.

Ganas de releer a Chukri

Además, me has abierto los ojos respecto a un par de aspectos fundamentales que quizás había intuido cuando leí a Chukri por primera vez, pero que sin duda no había dimensionado en su justa medida.

El más llamativo aparece en verdad en el propio arranque de El pan a secas: Aprende de tu hermano Abdelqader, que no llora, le dice su madre en rifeño. Al haber leído la traducción en español, no me había percatado de lo rompedor que fue, que es, incluir unas palabras en otro idioma, en rifeño para más inri, una lengua de segunda categoría en Marruecos, en la única lengua sin embargo en la que el autor puede recordar a su madre calmándolo.

Dijo en rifeño

Luego me he preguntado precisamente cómo aparecerían esas palabras en el original. ¿En tifinagh? Claro que no. Cuando he tenido en mis manos el original, en la nueva edición de Le Fennec, he intuido que se utilizaban unos paréntesis para traducir al árabe aquellas frases de consuelo que le decía su madre en rifeño, aunque he necesitado la ayuda de Mohamed Morabet, originario de Alhucemas, para confirmarlo.

Luego he continuado la lectura en español con el original al lado para localizar en árabe los abundantes tacos y maldiciones y enviándoselas sin previo aviso a los amigos por WhatsApp por el puro placer de ver su reacción (امش اتأكد أمك بنت القحبة). Algunos son tan icónicos que Gonzalo Parrilla los ha reconocido a la primera. ¡Eso es de Chukri, uld lharam!

Multilingüismo

Quizás a un lector adormilado como yo, se le pase desapercibido el multilingüismo de Chukri, pero es simplemente imposible que eso le ocurra a un lector arabófono porque el salto a caracteres latinos hace que la página se transforme en una pieza vanguardista, que escapa del canon. De repente nos encontramos en ese Tánger donde conviven letreros escritos en diferentes códigos. Cada vez que encontrado un “en castellano en original” he ido a buscarlo por el gusto de verlo con mis propios ojos, como otro atardecer. Para mi sorpresa, Chukri osa escribir también en español aljamiado para decir nada (نادا). Verdaderamente horro.

Vanguardia

Otro aspecto a redimensionar: la memoria de analfabeto. Me parecía un lugar común destacar la inmensa capacidad de recordar de los iletrados, pero es que en el texto son numerosísimas las menciones a la memoria: ¿A que soy la primera mujer? Lo recordarás siempre. Recordé cuando, en Tetúan, Lalla Harruda me puso su cigarrillo en la boca. Me acordé del chico al que no dejamos que se escondiera con nosotros. Ella me hizo recordar a la chica de Kwitet. Me trajo a la memoria Tetuán. Las circunstancias que me rodeaban en la chabola me hicieron recordar aquella mañana… Me acordé de Sallafa y comparé su cuerpo con el de Leila. La memoria aparece además en dos momentos fundamentales de su Pan a secas. Primero al aprender a leer: Le pedí que me repitiera varias veces los versos del poeta tunecino hasta que conseguí aprendérmelos. Y segundo al recordar a su hermano muerto a manos de su padre, ya que ha olvidado dónde se encontraba su tumba: Por allí debe de estar.

Aprendiendo a leer

Me ha divertido sobremanera el juego de fechas: escribo estas memorias en 1982 y matiza que en 1963 supo que le había ocurrido a aquella mujer de cabeza rapada en 1952. Y a la vez, el estar escribiendo esas palabras aparecerá un libro posterior veinte años más tarde.

Un último aspecto que me ha aturdido. Chukri se debate entre ser completamente sincero o abrazar la ficción. Por un lado, quise contarle la verdad, que fue mi padre quien lo había matado, y por otro, no sé cuántas veces lo habré matado en mi imaginación. Tan solo me queda matarlo de verdad. No existe el sosiego en presencia paterna: ¿Quién podía ser sincero en presencia de mi padre, si Haddu?

Para terminar, déjame que te cuente un par de anécdotas que me ha ocurrido porque la portada del libro asomaba en el bolsillo de mi abrigo. Rachid, un vendedor de comida ambulante ha reconocido que ese escritor es el de Ljobz lhafi y como no conoce su nombre lo ha llamado Mul shaar, ¡el de los pelos! Otro día, al saludar a Muad por la calle, su amigo me ha confesado que se llevó a casa un ejemplar de El pan a secas cuando era adolescente, pero que lo acabó tirando por miedo a que le pillaran sus padres. En definitiva, querida Rocío, quería decirte que no se me ocurre una invitación mejor a la relectura de Mohamed Chukri que la biografía que nos has regalado.

Paseando a Chukri

La biografía de Mohamed Chukri escrita por Rocío Rojas-Marcos está publicada por Zut Ediciones.

Los libros traducidos de Mohamed Chukri traducidos al español están publicados por Cabaret Voltaire.

Algunos libros en árabe clásico están reeditados en Marruecos por Le Fennec.

El cómic Le pain nu, la adaptación gráfica del libro de Chukri, obra de Abdelaziz Mouride es considerado el primer cómic marroquí y ha sido editado en su versión inacabada por Alifbat éditions.

La correspondencia entre Mohamed Chukri y Mohamed Berrada está editada en francés por Les infréquéntables.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑