Los volcanes imaginarios de Azro

En casa tengo algunas fotos que servirían como prueba, pero no regresaremos allí hasta dentro de una semana. Y no me apetece estar oyendo sus comentarios irónicos hasta que volvamos, así que la única forma de callarlos es que lo vean con sus propios ojos. Hace un rato, cuando les he dicho que por esta zona había volcanes, se han reído de mí. En realidad, me refería a simas volcánicas, pero cuando se lo he contado, no he encontrado la expresión adecuada, y lo he dicho como he podido, provocando que sus risas entraran en erupción. Aunque ya ha pasado casi media hora, todavía charlan del Vesubio, del Etna y de los infiernos. Mejor así, porque no quiero confesarles que no conozco bien el camino hasta allí. Estoy seguro de que había que coger esta carretera y desviarse más adelante por una pista. Pero ¿por cuál de ellas? Todas me parecen idénticas entre sí.

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Burlas

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Objeto de discusión

En los asientos de atrás continúan las burlas. Me gustaría apagarlas, así que improviso una anécdota esperando conseguirlo: Se lo escuché a unos señores que tomaban té en una terraza. ¿En Ifren? No, allí nunca he oído nada interesante. Fue en Azro, en una cafetería no lejos del zoco. Los hombres discutían sobre qué había producido unos enormes hoyos en el terreno, la mayoría estaba de acuerdo en que por fuerza tenía que haber sido cosa de meteoritos, pero hace miles y miles de años. Había un hombre que protestaba, decía que eso no era cierto, que las gentes se empeñaban en repetirlo porque no habían ido a la escuela, y que en realidad se trataban de auténticos volcanes. Los demás rompieron a reír a carcajada limpia, igual que vosotros hacéis hoy conmigo. Le decían, no seas burro, Ahmed, todo el mundo sabe que los volcanes se parecen a una montaña y no a un agujero inmenso. El pobre hombre, aunque estaba en lo cierto, no era capaz de convencerlos. Quizás si hubieran estado por el campo, les podría haber explicado que aquellas piedras oscuras y esponjosas que se ven aquí y allá eran producto de explosiones volcánicas. Pero allí sentados en el centro del pueblo, lo único que estallaban eran las risas de sus compañeros de partida de cartas.

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El bosque de cedros

Por eso le resultó un consuelo que me acercara a saludarlo para preguntarle por el lugar exacto en el que se encontraban aquellas simas fabulosas. Mientras me daba las indicaciones, sus amigos interrumpían para saber la dirección de Yoha o dónde buscar el estanque de Aisha Candisha. No dejaban de reírse con cada nueva ocurrencia. Le prometí visitar algún día aquel lugar, pero esa vez no me dio tiempo. Y luego lo fui dejando… Me indicó esta carretera, mencionó el bosque de cedros y los monos de Berbería que ya hemos visitado. Luego debía tomar un desvío a la derecha que se encuentra en frente de un antiguo volcán ya apagado. ¿A ver si adivináis cuál es el desvío correcto?

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Tierra, trágame

Realmente no sé cuál debo tomar, así que les he propuesto este pequeño juego para disimular. Por lo menos han dejado de burlarse de mí. Rafa está convencido de que esa montañita arbolada que dejamos atrás es efectivamente un volcán dormido y ahora es él quien intenta convencer a los demás. Disfrutaría de este pequeño triunfo si no fuera porque la pista se encuentra en muy mal estado y no paro de golpear con los bajos del coche. Mis compañeros protestan como si fuera su propio vehículo. Qué digo, su vehículo. ¡Como si fueran sus rodillas las que estuviera rozando! Nunca he entendido esta obsesión por mantener el coche como si fuera nuevo. ¿Qué problema habrá en mostrar que uno ha vivido? Pero disminuyo la velocidad para evitar los roces y sus protestas.

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En la pantalla

El terreno me resulta familiar y recuerdo la época en la que venía por aquí a hacer senderismo. Es difícil dar con alguien que no sobresale entre la multitud, sino que se ha agachado para que no lo encuentre. Mi hermano, que lleva un rato en silencio mirando mapas en internet, me pide que pare. Quiero comprobar una cosa, nos dice. Mira un momento la pantalla y se encamina convencido hacia su objetivo. Le seguimos con la mirada, pero al momento desaparece. Se lo ha tragado la tierra. Bajo la música al oír unos gritos. Salimos del coche para escuchar mejor. ¡Venid a ver esto! ¡Es increíble!

Eso mismo pensé yo cuando lo vi la primera vez.

6 comentarios sobre “Los volcanes imaginarios de Azro

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  1. Hola.
    Buena aventura, he recordado las lecturas de Julio Verne.
    Alguien trajo en una ocasión,unas piedras volcánicas, la aventura fue pasarlas por el control del avion.
    Un abrazo

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    1. Ahí sí, no me acordaba del lío con las piedras en el control de aeropuerto.
      Me alegro de que te haya recordado a Julio Verne. No lo había pensado.
      Un abrazo.

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  2. ¡Cabroncete!
    Me sacas una foto en la que parece que estoy de buen año…
    Y pa rematar aparezco en plan Mesías encontrando las simas…

    Ya en serio, ¡buena aventura de viaje fue aquella, cómo olvidarla!

    Gracias por recordarla.

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    1. Deja que pasen algunos años y ya verás lo estupendo que te verás en esa foto. Si no fuiste tú el que encontró las simas fue porque no tenías conexión en el teléfono, pero podrías haberlo hecho perfectamente.

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