Sábado 9 por la mañana: solicitud urgente de donantes de sangre. Mismo día al mediodía: hospitales colapsados por la llegada masiva de voluntarios. Miércoles por la mañana: garantizadas las reservas de sangre para al menos un mes.
Mientras tanto, yo me concentraba en localizar a los míos y otros a mí. Los mensajes iniciales de ¿estás bien? se han ido transformando en ¿cómo puedo ayudar? No tengo una contestación clara para la pregunta, pero al mismo tiempo resulta evidente que la ayuda va a ser necesaria. Pero la respuesta se aclara ella sola. La nutrida red de minúsculas asociaciones que llevan años trabajando en las zonas más desfavorecidas comienza a florecer como un jardín en primavera, milagrosamente de un día para otro.

Ni que decirse tiene que las ayudas oficiales son fundamentales, pero muchos intuimos que su llegada será tardía, ralentizada por la burocracia. Mientras los unos siguen esperando el sello ministerial, el pueblo llano ya está retirando piedras con sus propias manos.
Hace tiempo, mientras leía A la mujer y a la mula, vara dura, de Hicham Houdaifa, un libro que desgrana condiciones lamentables de diversos colectivos femeninos en Marruecos, lo único que me consolaba era comprobar página a página que a cada injusticia había alguna asociación local que luchaba por sofocarla. Seguramente su existencia se debe a la falta de ayuda estatal, pero aún así me aliviaba.
Las he vuelto a recordar al poco del seísmo, cuando se hizo evidente la importancia del trabajo de esas pequeñas asociaciones. Me alegra saber que existen y me prometo preparar un listado de algunas de ellas para facilitar la tarea a quienes están interesados en apoyarlas desde fuera.

Desde el día siguiente a la tragedia empezaron a llegar imágenes del desastre ocurrido en las montañas. Lo evidente son las casas derruidas y los pueblos destrozados. Lo que conmueve son los rostros y los abrazos desconsolados de los supervivientes. Lo que da esperanza son los rescatadores trabajando a destajo. Y apenas me queda el ínfimo alivio, apenas superficial, de saber que esas imágenes estás tomadas por marroquíes de las nuevas hornadas de fotógrafos.
Han ido surgiendo numerosas campañas de recogidas de fondos desde el primer momento, pero son esos mismos talentosos fotógrafos los que quizás han organizado una de las más atractivas: Artists for Morocco. Venden reproducciones de sus obras a beneficio completo de los damnificados. Talento local al servicio de sus compatriotas.

Y a los pocos días, un par de situaciones extrañas. La primera, un mensaje de un amigo que no llego a comprender: ¿Qué vas a hacer con la tienda? Luego le llamaré para que me lo explique, me digo. La segunda, un camión aparcado en doble fila junto al museo del Bank El Maghreb. Cruzo la calle y entonces descubro una cincuentena de jóvenes que se agolpan en la acera custodiando bolsas y bolsas de ropa que están cargando el vehículo para que salga esta misma tarde camino de El Hauz. Segregan las donaciones, separando la ropa del calzado, las prendas infantiles de las adultas y retirando lo que no está en condiciones. Estos jóvenes, que rondan los dieciocho, comenzaron esta labor al día siguiente al seísmo. Se dejan fotografiar sonrientes y apenas se quejan por tener que volver a ponerse las mascarillas para no tragar polvo.
De regreso a Kenitra identifico a otros grupos que custodian montañas de ropa abrigo. ¿Hasta qué hora vais a estar? Si me doy prisa todavía les puedo traer lo mío. Hacen falta tiendas de campaña y sacos de dormir, me aclaran, en Marruecos hay rotura de stock. Ahora entiendo el mensaje de Said. Voy a casa tan rápido como puedo. Meto en bolsas la ropa que ya no me vale, compruebo su estado como he visto hacer a los jóvenes y por último agarro el saco de dormir y la tienda de campaña que apenas he usado dos veces.

Llego a la cochera donde guardan las donaciones justo antes de que la cierren. Mañana saldrá hacia El Hauz, me dicen antes de darme las gracias. Gracias a vosotros por contagiarme de vuestra solidaridad.
¿Qué más se puede hacer? Puedes donar la cantidad que mejor estimes, que cualquier dírham cuenta. Puedes no cancelar tu viaje programado a Marruecos, que el país sigue en pie. Puedes venir a vernos cuando quieras, que nuestras puertas siguen abiertas. Puedes interesarte por nuestra cultura, que brilla más que nunca ahora que nos habéis puesto los focos por aquello de la foto para la primera plana.
Aquí la prometida lista en twitter de las asociaciones
En estas situaciones es donde se descubre la grandeza del ser humano. Son terribles, pero a la vez esperanzadoras.
Un abrazo muy fuerte y que yodo vaya lo mejor pisible.
Carme
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Yo nunca he estado tan orgulloso de «ser» marroquí como estas semanas. Un abrazo
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Bon courage!
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Ánimo no nos falta. Gracias
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Brillante artículo, como siempre. En estos casos la ayuda y colaboración de la gente de a pie es lo primero que funciona, luego viene la tardía ayuda oficial en muchos casos para salir en la foto.
juan carlos morales
Enviado con el correo electrónico seguro de Proton Mail.
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En este caso la reacción popular ha sido espectacular.
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