Las mujeres que recuerda Hicham Houdaifa

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A la mujer y a la mula, vara dura. Las olvidadas del Marruecos profundo, de Hicham Houdaifa

–¿Te encuentras mejor, Pili? –El dolor va y viene. Me parece mejorar, pero cuando me da la punzada… –Descansa entonces. No has probado el arroz. –No tengo energías ni para levantarme. –Las niñas querían haceros la henna esta tarde. –No creo que pueda ir. Diles que lo haremos mañana. ¿Dónde están los demás? Han ido al pozo con los chavales para coger agua. No sé cómo aguantan este calor. No quiero ni imaginarme cómo debe de ser en verano. –Ni yo, ahora mismo ni siquiera puedo coger mi botella. –Te ayudo. Toma. He terminado el libro que me estaba leyendo. Venía a traértelo. Pensé que querrías comenzarlo. –Muchas gracias, Alberto. Ojalá tuviera fuerza para cogerlo. –¿Quieres que te lo lea yo? –Me encantaría, pero mejor resúmemelo con tus palabras, así será como si escuchara un cuento. Con estos dolores me siento como cuando enfermaba de pequeña. ¿Cómo se titulaba? –A la mujer y a la mula, vara dura. Las olvidadas de Marruecos. –Pobre la de bombona a la espalda. –Túmbate y descansa.

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Cooperativa de mujeres.

–Cuando vi la portada, pensé que era un poco sensacionalista. Una imagen escandalosa para llamar la atención. Ahora que lo he terminado, creo que ella es la que menos sufre de todas las que aparecen en el libro. –¿Pero es un relato de ficción? –No, son historias reales. Las ha escrito un periodista que se llama Hicham Houdaifa. En el prólogo dice que su propósito era dar testimonio a la injusticia y a la explotación que sufren las mujeres de Marruecos. Supongo que por su trabajo, ha tenido acceso a historias que permanecen ocultas. Dice que había tantas que contar que ha tenido que hacer una selección y ha preferido concentrarse sobre todo en el medio rural. Ya sabes cómo son aquí las carreteras. Hay muchos pueblos que quedan aislados. Siempre me quejo de que me cuesta conocer el día a día femenino. Me es sencillo entablar conversación con hombres en cualquier parte. Me invitan a menudo a sus casas a tomar un té, pero las mujeres permanecen separadas en otro cuarto, no consigo acceder a sus vidas. Pensé que el libro me abriría una ventana para echar un vistazo a esa otra habitación. –¿Y has podido verlas? – Sí, pero lo que muestran los relatos es demasiado duro. La lectura ha sido dolorosa.

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Voluntad de resistir

–Pero cuéntame alguna de esas historias. Yo también quiero conocer su realidad. –Supongo que la peor es la de los matrimonios de menores. Los padres temen que sus hijas no encuentren marido y se conviertan en una carga para la familia. Algunas se casan con catorce o quince años. –Pobres niñas. –Otras veces, ni siquiera llegan a formalizar el enlace. Entre el padre y futuro marido hacen un contrato. Un préstamo. Un acuerdo tácito entre varones en la que se compromete a que la hija se vaya con el hombre. Se supone que la boda oficial se hará pasados unos años. Eso es lo mejor que puede ocurrir porque algunos se aprovechan de la situación para disfrutar de la juventud de la muchacha hasta que se cansan de ella. Pasados unos meses vuelven a hablar con el padre para rechazarla poniendo cualquier excusa. Que ha cambiado, que no es buena, lo que sea con tal de quitársela de encima. Suelen estar ya embarazadas cuando esto ocurre. Una verdadera condena para ella. –Pobretas.

–En las zonas montañosas a las que se tarda en llegar cuatro o cinco horas, hay muchas personas sin papeles. Los padres no registran a los bebés cuando nacen porque les cuesta demasiado dinero ir hasta la ciudad. Quedan indocumentados en su propio país. Cuando crecen, no pueden ir a la escuela porque legalmente no existen. –Si no aprenden a leer y a escribir, no podrán hacer nada en la vida. –Siempre hay una salida, por terrible que sea. Hay un capítulo dedicado a las mujeres que trabajan en los bares. –¿Camareras? –No exactamente. Son ganchos que pasan la noche bebiendo mientras acompañana a borrachos. Cobran cinco dirhams por cada cerveza que beben. Guardan las chapas para recibir la suma al final de la jornada. Calcula cuantos botellines tienes que tragar cada día para vivir de ello. Tú y el hijo con padre desaparecido que tienes a tu cargo.

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El futuro: “De mayor quiero ser policía”

–Alberto, ya me he olvidado de mis dolores. Ayúdame a levantarme y vamos con los demás. No podemos quedarnos de brazos cruzados.

“A la mujer y a la mula, vara dura. Las olvidadas del Marruecos profundo”, escrito por Hicham Houdaifa, ha sido publicado por Ediciones del oriente y del mediterráneo.

14 comentarios sobre “Las mujeres que recuerda Hicham Houdaifa

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    1. Gracias Lorena. Leer el libro fue intenso y doloroso pero me parece importante conocer la realidad de nuestro entorno. Gracias por pasarte por aquí.

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  1. Que dura es la vida en países en lo que manda es el machismo puro y duro. Leyes antiguas que no respetan derechos. Aunque hay que reconocer que poco a poco se van cambiando las cosas aún hay mucho camino por recorrer.
    Un abrazo Alberto.

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    1. La sensación que deja el libro es que la ayuda real viene de la sociedad cívil en este caso y poco de los organismo oficiales. Queda mucho por hacer.
      Gracias por pasarte por el blog.

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