Macondo, Yoknapatawpha, Sidi Yahya El Gharb

Encuentro Ben Jelloun - Librairie des colonnes-compressor
Rencontre avec Leila Slimani et Tahar Ben Jelloun

Estimado Señor Tahar Ben Jelloun:

Me dirijo de este modo a usted no porque genere tal sentimiento en mi persona, sino porque lo despierta en la mayoría de los marroquíes que leen, los cuales no dejan de ser una minoría dentro de los que yo conozco. Antes de entrar en materia, le pido disculpas por no haber abierto ninguno de sus libros. Estuve a punto de llevarme uno de la librería Balqís en mi última visita. No recuerdo el título, pero sí que la traducción era de esa mujer fascinante a la que le han dado el premio nacional. Finalmente me decanté por Chraibi. No lamento la elección, pero ahora me veo en la tesitura de escribirle una carta sin el coraje que me daría el haber terminado al menos una de sus obras.

Como si de una testificación policial se tratara, localizaré en el tiempo y en el espacio el fatídico acontecimiento; donde y cuando cometió usted una falta que me impide mirarle con buenos ojos. 7 de agosto de 2017 en un salón lujosamente decorado del Hotel El Minzah de Tánger. Llevaba un pantalón azul de veraniega tela y una camisa blanca, holgada al modo de la de un pintor. La Librairie des colonnes anunciaba en su puerta un encuentro con Leila Slimani y Tahar Ben Jelloun, usted mismo. Le detallo todas las circunstancias para que sea consciente de la relevancia que el hecho tuvo para mí. La charla estaba siendo menos emocionante que aquella con Slimani en Rabat. Confiaba en que la ronda de preguntas destapara la caja de las confidencias y anécdotas divertidas. Me equivoqué. No solo se instalaron en la aburrida zona de lugares comunes, sino que usted aprovechó para ofendernos. Así al menos me sentí yo. A la pregunta “¿por qué genera tanta atracción Tánger para los escritores?”, usted, en vez de alabar el encanto perdido de Tánger, se deslizó, sin correr el riesgo de equivocarme, ya que lo apunté en mi libreta, con lo siguiente: “à Kenitra, il n’y a rien extraordinaire”. No oyó seguramente mi grito de dolor porque quedó ahogado por las histéricas risotadas del público. Sonreía usted orgulloso del impacto de su ocurrencia.

Camino del mercado - Sidi Yahya -compressor
Camino del mercado, transporte público
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Lunes y jueves, venta de pescado

Los días siguientes paseaba intranquilo por mi Macondo. ¿Será verdad que esto no tiene la consistencia suficiente como para ser el objeto observado de una obra artística? Su vulgar arquitectura no me ayudaba a convencerme, ni que jamás hubiera llevado allí a las visitas extranjeras. En el recorrido de mi casa al hotel Jacaranda meditaba sin éxito. Interrumpido por el saludo de Jumaa que golpea su cajón de madera buscando zapatos que limpiar y que sueña con su antigua peluquería en Siria, asaltado por el pequeño Faris que se lanza raudo a mis brazos mientras su madre le abronca desde el suelo por llamarme gauri y no monsier, distraído por la joven que entrega su billete al viajero que monta en el autobús del que ella desciende. Temía que nunca llegara a una conclusión si seguía encontrándome tantas personas sobre las que merecía la pena escribir. Estas calles populares son las que me punzan en el estómago y se instalan en mi cabeza a la espera de que vuelque sus historias sobre el papel. Incluso mayor es la revolución de las musas cuando me alejo de la gran ciudad y marcho a uno de esos pueblos sin importancia, como Sidi Yahya El Gharb. Una localidad minúscula atravesada por una carretera nacional, con sus cafés, mercados, hammames y mezquitas. Con puestos de comida que ahúman a los viandantes, jóvenes desempleados que caminan hasta el bidonville de las afueras para conseguir un poco de hachís y con la madre de Youness que siempre se alegra de que vaya a tomar cuscús a su casa. Un lugar sin nada de particular, pero que se empeña en salir en todo lo que escribo. El rincón donde transcurre el tercer capítulo de Meshi Shughlek, por donde Francesca deberá cruzar si quiere llegar a Moulay Idriss y el lugar de residencia del comisario Othmane, harto día a día de que los maleantes ganen más dinero que él por culpa de empeñarse en ser un hombre decente. Si lo viera a usted de nuevo, señor Ben Jelloun, le haría ver su error, ya que Kenitra es un lugar demasiado grande. He preferido Sidi Yahya El Gharb como mi personal Yoknapatawpha, un rincón sin nada extraordinario salvo las personas que lo habitan. A mitad de camino de las ciudades que figuran en los mapas.

Me despido confiando en que la próxima vez no nos dañemos con nuestras zarpas.

Cordialement.

Alberto Mrteh

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Próxima parada: Tu Macondo, tu Yoknapatawpha

14 comentarios sobre “Macondo, Yoknapatawpha, Sidi Yahya El Gharb

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  1. Hola, Alberto:
    Es la primera vez que respondo a un texto tuyo. Reconozco que escribes muy bien,pero no te he seguido. Voy a leerte con más asiduidad. Solo así tendré una visión de conjunto de tu prosa narrativa.
    El paseo de hoy me hubiera gustado más detenido. Seguro que es porque yo soy más pesado que tú.

    Hoy, después de felicitarte por tu escritura, te voy a hacer dos comentarios formales de profe de lengua:

    1º. En español, el saludo inicial de las cartas va seguido de dos puntos y aparte. Mayúscula:
    Estimado Señor Tahar Ben Jelloun:
    Me dirijo de este modo a usted…

    2º. El hotel Jacaranda tiene un nombre muy curioso, que nos traslada al guaraní yacarandá, ese árbol precioso de copa rotunda y sombra tupida con flores azul violeta, tan familiar para un rioplatense. Lo he disfrutado mucho en Buenos Aires y Córdoba. Allí se llama jacarandá, con acentuación aguda. Es masculino. He comprobado en el DRAE que se puede decir jacaranda, que es pronunciación mexicana y centroamericana. Además allí es femenino. La distancia de las fuentes producen esos cambios.

    Amigo Alberto, desde cerca de tu casa familiar, este cariñoso comentario de un viejo profe que te aprecia mucho.
    Manolo.

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    1. Querido Manolo:
      Me siento como cuando después de años practicando un idioma con infinidad de errores que todos pasan por alto porque es imposible corregirlos al ser demasiados, y por fin un día dices una frase con apenas un error garrafal y una voz amiga te dice que se dice sentaos y no sentaros. Hoy es un gran día.
      ¿No encuentras que jacaranda tiene una sonoridad poderosa? Llevo una semanas pensando en ello. Y hasta aquí puedo leer.
      Te deseo una feliz jornada.
      Alberto Mrteh

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  2. Albertino seguro Ben Jelloun menciona a Kenitra para sacar risas del publico…Habria podido decir El jadida o Safri.. no lo tome en personal.. En todo caso te has vengado en la manera mas efectiva diciendole que no has leido ninguno de sus libros. Eso lo harà cabrear mas!

    PS Sigo pidiendo perdon para mi feo castillano…

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  3. La magia que tenéis los escritores es que a través de vuestras palabras nos transmitís sentimientos. Y en este caso se “lee” perfectamente tu “cabreo” y/o frustración por aquel comentario.
    Eso hace que tenga más ganas aún de conocer ese lugar que le parece tan distinto a dos personas (me suele pasar también con las películas, cuanto más difiere la opinión sobre ellas, más ganas tengo de verlas). Gracias de nuevo. Un abrazo y feliz año.

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      1. madre mía, babel… la vi hace mucho y sólo recuerdo algo de unos niños que disparan en el desierto y una historia en Japón… pues creo que me gustó! jajajaja, pero volveré a verla. tengo la «suerte» de que mi memoria de pez me hace verlas como si fuesen nuevas…

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  4. Un buen “zasca” a Tahar Ben Jelloun, seguro que si llega a sus oídos le hará pensar en su ocurrencia sin importancia (salvo para quién pudiera ofender…). A veces los lugares no son grandes por sus monumentos, sino por sus gentes, qué cierto es. Enhorabuena, muy chulo para terminar el año.

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