La fiesta tangerina de Rocío Rojas-Marcos

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“Tánger, segunda patria” de Rocío Rojas-Marcos

Despierto sudoroso en un camastro de una oscura habitación. No recuerdo cómo he llegado a este lúgubre hostal con cortinas raídas de terciopelo rojo. Miro alrededor tratando de identificar dónde me encuentro. Un asfixiante cuarto lleno de miseria y desorden, habitado por botellas vacías de coñac. Veo una sombra en pijama a través de los cristales biselados que cruza por el pasillo. Sobre la mesa se amontonan periódicos en diversos idiomas. Un sonriente Caruso en la portada del Diario España, el público le aplaude por su éxito en el Teatro Cervantes. Entonces debo de estar en Tánger, pero sigo sin comprender: ¡aquel espectáculo ocurrió hace más de cincuenta años! Detecto un sutil olor a humo, pero distrae mi atención algo caído en el suelo, el libro que estaba leyendo: “Tánger, segunda patria”. Lo recojo y descubro unas palabras escritas a boli en el margen: “Lo que ocurre en casa condensa lo que ocurre en la ciudad”. Aún confuso, descubro un tarjetón que asoma de entre sus páginas. Una invitación para una fiesta en la Légation Américain como “Homenaje al mejor escritor tangerino”, y a mano una oferta irrechazable: Mrteh, estoy ocupado, ve tú por mí, Ángel Vázquez. Me sobresalta una niña vestida de uniforme con medias negras. Me pide que la siga por el laberíntico pasillo de crujientes maderas astilladas. Al fondo hay un hombre quemando papeles en una estufa. La colegiala me señala un aviso en el armario: ENTRE SIN LLAMAR. Me asomo intrigado.

Al otro lado aparece una blanquecina callejuela de la medina. Unos niños se burlan de una mujer rubia que espera en la puerta de la Légation: Antina, hamqa diel Tanya, hamqa diel Tanya. Salen corriendo cuando me ven llegar. –¿Viene al homenaje? –Sí, eso creo. Tengo una invitación. –¿Cuál es su nombre? –Alberto Mrteh. –¿Mrteh?, su padre debe de ser tangerino. –No, es de Soria. –Vaya, lo lamento. Le quedaría bien el mestizaje. Pase, ya han llegado casi todos. Los salones lucen espléndidos esta noche. Disfrute de la fiesta.

Desde la fuente del patio me llama un hombre barbudo. Se presenta como Ramón Buenaventura. Saludo a su grupo de amigos, pero solo memorizo el nombre de León Aulaga. Este comienza a contarnos una historia que aconteció ayer en el Hotel Minzah. Su antigua amante le confesó que, cuando abandonó la ciudad, ella estaba embarazada y que nació una niña a la que llamó Tánger. Los demás le interrumpen con chascarrillos sobre su juventud de sexo y alcohol. Pero no me concentro en su charla porque me distraen las continuas metamorfosis de las que son víctimas: sus trajes de tela oscura lucen ahora hojas de papel adornadas con versos escritos en multitud de tipografías, que corretean nerviosos por las mangas. Sus rostros, antes de ancianos canosos, se han vuelto juveniles y risueños. Al tiempo, todos se convierten en el hombre barbudo y de mirada ácida que vi cuando llegué. Me piden que les ayude a recuperar el amor de sus vidas, el que perdieron por culpa de la forzada diáspora.

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Battuta, Said, Matisse, Fortuny, Fuentes, Bey, Baroja, Galdós, España, Mrabet, Chukri, Yacoubi, Muyal, Burroughs, Williams, Capote, Bowles y Bowles, Genet, Laforet, Lozano, Sibari, Laabi, Bentria, Chairi, Vázquez, Buenventura, Goytisolo, Sanz de Soto …

Me salva de sus súplicas una joven americana que me invita a subir las escaleras. Incluso en silencio intuyo que podríamos ser amigos. Me arrastra al salón atestado de mujeres y hombres elegantemente vestidos. Mi corazón se acelera al comprender que allí se apelotonan todos los genios y artistas que amaron Tánger, de Delacroix a Antonio Fuentes. Los bitnicks beben en torno a Paul. Truman canturrea “Clavelitos” mientras Jane le aplaude. Sidi Juan escucha distraído, sueña con arabismos.

–Buenas noches. Soy Rocío, la culpable de vuestra presencia aquí. Hoy, vivos y muertos, homenajeamos a un hombre de memoria de elefante con curiosidad empedernida, escritor sin obra, ensalzador de la literatura y amigo nuestro. “Si alguien representa la esencia de esta ciudad en todo su esplendor y personifica la complejidad familiar y vital que caracterizó a Tánger a lo largo de su historia internacional, ese debe ser Emilio Sanz de Soto.” Él fue esta ciudad literaria de esencia española. Me gustaría darle paso ahora y que la sala rompiera en aplausos, pero Emilio no puede aparecerse porque la sociedad apenas lo recuerda. Su nombre está siendo enterrado por el olvido. Solo ha podido enviar una última epístola que dice así: “Los lugares mágicos no pueden durar eternamente. Ya se sabe que el tiempo y la magia estuvieron siempre reñidos”. Quisiera pediros, para saldar mi deuda personal, que mantengáis viva la memoria de Emilio Sanz de Soto, porque si él muere, todos lo haremos.

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Mrteh a gusto con Rojas-Marcos

“Tánger, segunda patria” es un recorrido literario por el adorado Tánger de la autora Rocío Rojas-Marcos, publicado por la editorial Almuzara.

4 comentarios sobre “La fiesta tangerina de Rocío Rojas-Marcos

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  1. Muy bonito este relato, Alberto. Me ha gustado su esencia de cuento mágico. Me ha enganchado. Si fuera el comienzo de una novela seguiría leyendo.

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    1. Me alegro mucho, me lo ha inspirado el libro que menciono en el artículo y me he basado en los tres autores principales que se destacan en este ensayo.
      Mil gracias.

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