Un silencio atronador

Al comienzo me propuse pasarme semanalmente por el zoco para contarte, de lo que veo y vivo en Marruecos, lo que me hubiera llamado la atención, y así lo he hecho durante los tres primeros años. Pero en cuanto nos estabularon, noté que la inspiración se apagaba. Entonces, encerrado en mi salón, recordaba con nostalgia cómo antes me asaltaban las historias con tan solo poner un pie en la siempre animada zanqa Zemzem: descubriendo a Abdelhalim Hafez en la peluquería, comprando una harsha con aceitunas en la panadería de Mohamed, charlando con un vecino de asiento en la navette Rabat – Kenitra. La inspiración surgía a cada paso, incluso me parecía que las historias se escribían solas. Pero atrapado en solitario en casa, sin poder entablar conversación con nadie, la tarea me resultaba mucho más costosa. Por eso comenzó a transcurrir más tiempo entre las visitas.

Soñando salir de casa

Mi silencio se volvió mucho más rotundo cuando enfermé. Permíteme que te escatime los detalles. Simplemente no tenía fuerzas para escribir. En realidad, no tenía fuerzas para hacer casi nada. Cuando, ya en España, desperté de mi letargo, comencé a darme cuenta de que mi ausencia te habría preocupado y que durante mi sueño me habías dejado un mensaje preguntándome si me encontraba bien. ¡Gracias por tus palabras! Así fue cómo llegué a la conclusión de que frecuentar el zoco para charlar contigo te servía de medidor de mi estado anímico y por eso te había preocupado mi silencio.

Yo mismo tampoco acertaba a comprender a qué se debía la falta de comunicación de los editores de mi primera novela, Meshi shughlek. Hacía ya tiempo que se había pasado la fecha prevista de publicación y no tenía noticias suyas. Intuía que algo no iba bien y, cuando me preguntabas por el libro, fingía despreocupación diciendo que iba a ser una obra póstuma. Pero ¿cuándo has hablado con ellos por última vez? Es que no se me da bien ir persiguiendo a la gente… Tío, muévete. Tú eres el primer interesado. No, si llevas razón, mañana mismo los llamo, bueno, espera, mejor les escribo un correo electrónico, que es más formal (y menos violento). Pero al poco ya estaba posponiendo la tarea y cambiándola por un simple recordatorio. Y al final se acababa enfriando por completo el impulso inicial, hasta que volvías a zarandearme con tus preguntas.

Charlando

Estos meses de estancia soriana he tenido que justificarme con nuevas excusas ante el interés de diversos conocidos: es que estoy liado en la Cruz Roja, es que me pone nervioso la broncoscopia, es que estoy haciendo un curso de cocina casera, es que esta semana tengo el examen de francés… Precisamente a la salida de la prueba escrita, camino de encontrarme con un amigo guineano, vi a una pareja que me sonaba de algo charlando con el concejal de cultura en la cervecería Machado. Caminé unos metros antes de darme cuenta de quiénes eran: mis editores madrileños. ¡Esta sí que no la puedo dejar pasar! No hubo tiempo para reproches, solo una sorprendente afirmación: Mrteh, oigo tu silencio atronador. Y una promesa: Tu libro estará en la feria del libro de Madrid.

Habitados por palabras

Y aquí me encuentro, en la caseta 71, deseando regresar al zoco para decirte que he cambiado de parecer respecto al significado de mi silencio. Depende de la situación, por ejemplo, estos días simplemente no he tenido tiempo. ¿Que a qué lo he dedicado? A charlar con lectores de gustos afines u opuestos, a recomendar libros de Cabaret Voltaire y editorial Minúscula, a celebrar la imaginación de Mohamed Mrabet, a discutir sobre el mejor libro de Abdela Taia y Leila Slimani, a descubrirte a Fatima Daas, a contagiarme de la baraka de Chukri, a acariciar Meshi shughlek por primera vez, a firmarlo en Huerga y Fierro junto a Rocío Rojas-Marcos, a recibir la visita de colegas, amigos y familiares, a asistir a un improvisado congreso marroquinófilo de literatura, a cerrar el círculo con Beatriz en la librería Balqís, a conocerte en persona, a soñar con nuevas publicaciones y a llorar de pura felicidad a la salida del Retiro cuando se apagaron las luces. Por sorprendente que resulte, la ansiada publicación de mi Meshi shughlek ni siquiera ha sido lo mejor de estos diecisiete días de feria. Así que entenderás que no me haya pasado por el zoco. Entonces ¿qué significa tu silencio? Bueno, pues que algo diferente está ocurriendo. Pero ¿bueno o malo? Depende, tú pregúntame si vuelvo a callarme y ya te cuento qué está ocurriendo.

Cerrando el círculo

6 comentarios sobre “Un silencio atronador

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  1. Me alegro mucho de verte, leerte y de todas las noticias que nos transmite este post que acabas de subir.

    Te echaba en falta, pues me gustan tus historias. Pensaba que te había pasado lo que a mí, que después de 5 años escribiendo sobre libros, también me he cansado por el trabajo que requiere. La Covid-19 ha pasado factura en muchos aspectos.

    Me alegro por la publicación de tu libro, por tener un hueco en la Feria de Madrid y por esas nuevas buenas que intuimos vas a tener. ¿Será un nuevo libro? ¿Un encargo determinado de la Editorial?

    Ya nos contarás. Mejórate y sé feliz, te lo mereces.

    Mauri

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    1. Querida Mauri,
      muchas gracias por tu mensaje. No me he cansado de escribir. Simplemente en épocas de cambio es un poco difícil seguir con la tarea. Un abrazo

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  2. Ayyy, qué alegría leerte! Por favor, los que no pudimos ir a la feria, dónde podemos comprar el libro? Se puede encargar en las librerías sorianas para que nos lo envíen o hay que ir a la librería que comentas? Debes estar feliz… Y tal vez ansioso por volver a empezar una nueva aventura… Bueno, así me siento yo preparando un nuevo viaje. Disfruta mucho de lo conseguido, te lo mereces. Un abrazo!

    Le gusta a 1 persona

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