Acuse de recibo [Postales 2019]

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Kandinsky por fascículos

No puedo evitar enfadarme cada vez que algún amigo me pregunta si no me ha llegado una postalita que me escribió mientras estaba de vacaciones. Todo me resulta molesto de este asunto: primero, que efectivamente no he recibido ese mensaje que me quiso enviar; segundo, que si, por avatares de la vida, la postal finalmente aterriza en mi buzón, entonces ya no será ninguna sorpresa; y tercero, y esta es la más grave, me hace darme cuenta de cuántas otras habré dejado de recibir. Con esta sospecha he convivido durante años, hasta que el enero pasado, empujado por la necesidad de recibir un paquetito de mi dentista, consideré que no debía correr el riesgo de que se perdiera, así que contraté un apartado de correos en la oficina postal principal de Kenitra.

Por esas mismas fechas, un buen día descubrí muy cerca de casa un puñado de cartas colocadas cuidadosamente sobre un poyete. Comprobé si alguna era para mí y las volví a dejar tal y como las había encontrado. Me pregunté qué posibilidad había de que llegaran a su destinatario y me alegré de no tener que preocuparme más por esa incertidumbre. Incluso estaba impaciente por estrenar mi nuevo juguete y caminaba casi a diario hasta la Post para comprobar si había llegado algo. Al contrario de lo que esperaba, no encontré nada durante semanas, sin embargo, sí que recibí, después de meses de sequía, varias postales en el buzón de mi casa: una enviada por Laura desde el propio Marruecos y otras dos que venían de más lejos, de Vietnam y de Namibia. Esta última además estaba escrita a lápiz y ya habían pasado cinco meses desde la fecha del remite. ¡Era un milagro tenerla en mis manos!

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Pura motivación

Por fin llegó la primera postal, que era de Mónica, una lectora de El zoco del escriba que me escribía desde Argentina para decirme cuánto le había gustado leer Los caballos de Dios de Mahi Binebine. ¡Qué agradable esta pequeña charla que mezclaba Marruecos y literatura! Al final del año, otra lectora, Carmen, me agradecía que cada semana le acercara Marruecos a su lejana Asturias. Estos mensajes de mujeres a las que no conozco en persona, pero que resultan cercanos, son una agradable sorpresa con una fuerza tremenda para motivarme a seguir escribiendo. Les debo una respuesta. Espero que estas líneas sirvan al menos como acuse de recibo.

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Estaba de excursión…

Cada vez son más los medios por los que nos enviamos mensajes y, sin embargo, no me parece que mejore nuestra comunicación. Al contrario, casi diría que esa continua conectividad está distanciándonos, porque le resta valor a lo que decimos. Es puro ruido. Cuanto más cacareamos en redes sociales, más valiosas me resultan esas pocas líneas que tardarán varios días o incluso semanas en llegar a su destino. Al escribir una postal, durante esos minutos, mi concentración es total en lo que quiero transmitir. Por eso son tan especiales. Y supongo que eso mismo le ocurre a quien me envía una a mí. Así que me emociona que los montañeros me digan que me han echado de menos, me alegra la jornada la tarjeta de felicitación de los sobrinos y me sorprende que, en un ataque de sinceridad, Luis confiese que no ha tenido tiempo de hacer un dibujo, como me ha hecho su hermano, porque ha estado de excursión. De hecho, me encantaría recibir siempre postales que dijeran exactamente eso: Amigo, no he tenido tiempo de escribirte antes porque estaba disfrutando de la vida. Aunque en ocasiones lo que recibes son los recuerdos de alguien que se ha marchado y que te invita a no perder el tiempo.

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Invitación a vivir

Ya ha pasado un año desde que tengo el apartado de correos y ha llegado el momento de decidir si lo renuevo. Durante este tiempo, no he dejado de recibir, puntualmente todos los meses, una postal de mi madre. Está deshojando un calendario precioso que contiene reproducciones de cuadros de Kandinsky. Es como si quedáramos regularmente para visitar juntos una exposición. Ese calendario se lo regalé yo hace tiempo, y ahora siento que la vida me lo devuelve con cariñosas anotaciones al dorso. ¿No es poético? Recibimos lo que damos. Últimamente se ha retrasado, y en navidades comprobé que al almanaque aún le quedan un par de postales, así que no hay nada más que pensar. ¡No pienso quedarme sin completar la colección! Por cierto, del paquete que me envió mi dentista, no he tenido noticias.

Si te apetece charlar conmigo, puedes escribirme a:

Alberto Mrteh

BP 13091

Kenitra CD (Maroc)

6 comentarios sobre “Acuse de recibo [Postales 2019]

Agrega el tuyo

  1. Hola Alberto
    Sí. A mi tambien me parece muy emotivo lo de recibir postales, te comente que completaria el calendario, y así ha sido.
    Todavia no tengo un objetivo relacionado contigo para este año. Lo pensaré.
    Un abrazo fuerte

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  2. Hola Alberto

    Las postales en la era de internet quedan algo desfasadas. No es tan difícil enviar algo por email y añadirle un par de imágenes o fotografías.

    Pero tengo que reconocer que el encanto del ‘papel’ es muy difícil de sustituir.

    Un abrazo

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  3. Cada vez entiendo más el por qué de enviar postales, ¡y éso que yo era completamente escéptico!

    ¡Me ha molado mucho lo del calendario de Kandinsky sobre todo! ¡Y lo de los montañeros!

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