Toubkal, efectos del mal de altura

DSC04412
Camaleón

La primera vez que vine a Marruecos lo hice con mi hermano y unos amigos. Nuestro objetivo era ascender hasta los cuatro mil ciento sesenta y siete metros de la cumbre del Toubkal, en el Alto Atlas. En cuanto me fue posible, compré un turbante azul tuareg. El tiempo que ahorré en regatear con el vendedor lo empleamos en que me enseñara a anudármelo en la cabeza. Lo repetí un par de veces para asegurarme de que sería capaz de colocármelo sin ayuda y me lo dejé puesto mientras paseábamos hasta una cascada cercana. Ya me sentía integrado, disfrazado de turista amante de lo exótico. A la mañana siguiente comenzamos nuestra ruta de dos jornadas de ascenso hasta la cumbre. Ibrahim, nuestro guía, caminaba lento. Quizás fuera porque era Ramadán y no podía ir más rápido, o porque notaba que la lady inglesa que se nos había unido no podía seguir el ritmo. O simplemente había aprendido a avanzar con pasos cortos para que disfrutáramos del paisaje y ascendiéramos sin fatigarnos. Consiguió que fuera una de las jornadas de senderismo que más he disfrutado en mi vida e hizo que introdujéramos en nuestro lenguaje montañero la expresión “hacer como Ibrahim” para solicitar que se afloje la marcha. Al subir una montaña no debes sentir que haces deporte, sino que la sobrecogedora belleza de la Naturaleza te está transformando por dentro.

DSC04410
Alto Atlas desde Imlil

Pernoctamos en el refugio por encima de los tres mil metros, arropados por las montañas. Ibrahim preparaba el té, se preocupaba de nosotros y hablaba poco. Sin embargo, nos asustó con un discurso inesperado. Sufrir mal de altura, dijo, es imprevisible y aleatorio. Aparece a partir de los tres mil quinientos metros y le toca a uno de cada cinco. Precisamente nuestro número de componentes en la expedición. Comienza con un suave dolor de cabeza que se incrementa rápidamente. Algunos dejan de ver con nitidez, se les nubla la vista. Otros comienzan a sentir que todo da vueltas. Si esto ocurre, hay que pararse para limitar los efectos. La llegada de los vómitos es la señal para descender, pero de manera suave, para evitar efectos irreparables en el cerebro. Al ver nuestras caras, sonrió y nos calmó enumerando las formas de reducir los riesgos: subir despacio, aclimatarse haciendo noche a mitad del camino, beber agua y tomar azúcar.

dsc04455.jpg
Caricias
IMG_0540
Ibrahim y el elegido (Uno de cada cinco)

Ibrahim repartió caramelos tan pronto como nos despertamos. Aún no había amanecido y ya caminábamos en la oscuridad alumbrados únicamente por la luz de nuestros frontales. Estaba orgulloso de haberme colocado el turbante sin necesidad de ayuda. Pasear de noche por esas montañas era una experiencia mágica. Me dejaba arrastrar por la asombrosa belleza del entorno. Avanzábamos lentamente en fila de a uno, que solo se rompía cuando alguno se paraba para mirar alrededor y disfrutar de cómo la luz acariciaba las imponentes crestas. Nuestro guía insistía en que bebiéramos agua. Al levantarme del suelo después de devolver la botella al fondo de la mochila, noté cómo mi cabeza comenzaba a latir. Sentía cada pulsación en las sienes como si el corazón se hubiera mudado junto al cerebro. No dije nada a los demás, temía que se preocuparan. En silencio, vigilaba que mi visión fuera nítida, que no me mareara. Los latidos se incrementaban y cuanto más alerta estaba, más fuertemente retumbaban. Comprendí que yo no llegaría al pico, que era uno de los elegidos que sufren el mal de altura y lamenté mi mala suerte. Si decía lo que me estaba ocurriendo, por precaución decidiríamos parar la ascensión. Así que como un regalo a los demás, decidí continuar guardando mi secreto, aún a riesgo de comenzar a vomitar en cualquier momento.

dsc04460.jpg
Los que no sufren mal de altura (Cuatro de cada cinco)
dsc04467.jpg
Prueba de agudeza visual

La presión aumentaba en mi cabeza y sabía que pronto me tendría que detener, pero cada paso que daba era una pequeña victoria que nos acercaba a la cumbre. Quizás consiguiera que el momento de forzar la parada llegara tan cerca del final, que al menos ellos pudieran coronar. Sentía ardiendo las sienes, desbocados los latidos, casi me parecía oírlos, pero la visión permanecía estable. Distinguía los pueblecitos en la lejanía sin problemas. Me llevé las manos a la cabeza para comprobar si calentaba y pasé los dedos por la frente y la nuca, tropezando con los pliegues del turbante. Este se desató y cayó sobre mis hombros, liberando por completo la presión que me torturaba. De repente me sentía relajado y dejé de notar la pulsación acelerada. Por la mañana me había anudado tan fuerte el turbante, que me estaba cangrenando la cabeza. Ibrahim reía mientras le contaba lo que me había ocurrido y me lo colocaba de nuevo, con suavidad, sin forzar. Señaló la cumbre y me animó asegurando que apenas faltaban veinte minutos. El camino restante lo hice entre las risas por lo ocurrido y las lágrimas por conseguir algo que daba por perdido. Y al llegar fui una persona diferente. Nunca más me he colocado un turbante con todas mis fuerzas, ahora lo anudo “como lo haría Ibrahim”.

img_0535.jpg
Cumbre inesperada

Algunas de estas fotos fueron tomadas por la montañera Fernández, aprovechando que no sufrió ningún trastorno durante la ascensión.

22 comentarios sobre “Toubkal, efectos del mal de altura

Agrega el tuyo

  1. Madre mía Alberto!!!Eres único!!
    Enhorabuena porque pese a las adversidades del camino….coronaste la cumbre!!!!!
    Me recuerda mi ascenso a la sierra de Gredos…..aunque yo sin turbante….jejejejeje

    Besossssss

    Le gusta a 1 persona

  2. Que relato más hermoso. Sé lo que se siente con el mal de altura, de seis personas que fuimos a Cuzco para ascender al Wayna Pichu me tocó a mi. Recuerdo que no me podía mover, era como si el cielo pesara presionándome hacia la tierra. Tuve que parar y quedarme dos días en Cuzco, pero luego se me pasó y subí. Ese ascenso, aún débil y algo mareada, es una de las experiencias más gratificantes que recuerdo. Gracias, Alberto.

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: