Merzuga, hechizados por sus dunas [CUPA]

Sé lo que estás pensando, la idea previa que tenías de Marruecos cuando comenzamos nuestro recorrido era a lomos de un dromedario, paseando por el desierto. Después de muchas jornadas, aún no has visto la arena y te preguntas si no te estaré engañando y olvidando a propósito algún rincón con especial encanto. Y en parte llevas razón. Dejemos atrás las ruinas de Volúbilis para cruzar las montañas del Atlas y seguir nuestro camino hasta el Sahara. Nuestro destino es Merzuga, un pequeño pueblo frecuentado por los turistas que quieren perderse en sus dunas. Un lugar mágico, ideal para terminar nuestro recorrido en seis etapas por Marruecos.

Cuando serpenteábamos por la carretera de montaña, parecía que nunca llegaríamos. Solo al ver el inmenso palmeral del valle de Ziz intuimos que puede estar cerca. Buscamos en el horizonte intentando distinguir el prometido color anaranjado. Aún no ha amanecido. Por fin detectamos la enorme duna de más de ciento cincuenta metros de Erg Shebbi y nos olvidamos del largo trayecto. Luce enorme ante nuestros ojos y nos hace sentir minúsculos. Es la primera muestra del poder que el desierto va a ejercer sobre nosotros. Al llegar al hotel descubrimos la marcha tranquila de sus gentes, muy diferente a los ajetreados zocos de las ciudades imperiales. Nos obliga a bajar el ritmo. Un té con hierbabuena de bienvenida para comenzar con el encantamiento.

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El tranquilo zoco de Rissani

Nuestro anfitrión, Mohamed, nos advierte sobre las actividades que recomienda evitar: paseos en quads y excursiones en todoterreno. Demasiado ruidoso. Nos alejarían del espíritu que aquí debe reinar. Comienza a relatarnos nuestros planes, cuidadosamente escogidos para que disfrutemos durante nuestra estancia. Le atendemos serenos. Esa tarde escucharemos la música gnaua de los bereberes y no podremos olvidar el sonido de las cuerdas del guimbri y de los golpes sobre los darbuqa. Nos promete que él también tocará. Se pondrá su chilaba blanca con adornos dorados. Ni siquiera necesitaremos llevar nuestras cámaras de fotos para que aquella imagen permanezca en nuestras cabezas. Por la noche subiremos a la azotea para ver las estrellas.

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¿Preparado para los gnaua?

Y mañana temprano iremos hasta Rissani. Será día de mercado y nos confundiremos entre los compradores de animales antes de perdernos en el zoco. Será el momento de realizar la compra de regalos. Veréis como aquí las gentes son más sosegadas y nos dejarán curiosear entre los puestos sin atosigarnos. No podremos marcharnos de allí sin probar la madfuna, un plato típico de la zona con la forma de una pizza calzone pero con un relleno mucho más especiado. No olvides que seguimos estando en Marruecos y se nota en su forma de condimentar. Mientras la preparan, nos dará tiempo a dar un paseo por los restos del alcázar de Uled Abdelhalim, una antigua joya ahora en ruinas. Muy cerca se encuentra un santuario edificado en honor de Mulay Ali Asharif, el fundador de la dinastía alauita. Y podremos soñar con la antigua ciudad de Siyilmassa, aunque apenas un par de puertas recuerdan su pasado majestuoso.

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Pasado de esplendor

Antes de que el sol se esconda daremos el ansiado paseo en dromedario mientras el atardecer alarga nuestras siluetas sobre las arenas enrojecidas por los rayos solares. El suave balanceo hará que se alejen nuestras preocupaciones, si es que antes no lo había conseguido el propio desierto. Haremos una única parada para trepar por las arenas hasta la cumbre de la duna de Erg Shebbi. El esfuerzo merecerá la pena. No quiero develarnos todavía cómo será la vista que encontraremos allí arriba. Al regresar a lomos de los animales, despertarán las estrellas y el cántico de los almuédanos de las mezquitas cercanas nos harán preguntarnos si es verdad que ese lugar existe. Y querremos regresar allí cada vez que cerremos los ojos. El desierto habrá terminado con éxito su hechizo milenario.

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Dromedarios dalianos al atardecer

CUPA es portal multidimensional donde se tratan un amplísimo abanico de asuntos, de actualidad, deportes, cultura y un largo etcétera. Sois todos bienvenidos. Podéis encontrar las etapas anteriores del viaje en el siguiente enlace y la de este mismo en cuanto se alineen los planetas.

19 comentarios sobre “Merzuga, hechizados por sus dunas [CUPA]

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  1. Borrachera de desierto me queda siempre que voy, una borrachera de la que me resulta difícil salir, y a la que siempre quiero regresar. Mi primera impresión fue hace ahora justo un año, con mi hijo de 16. QUedamos marcados, ambos, por el lugar, y sobre todo, por sus gentes, tan flexibles y tan fuertes, la calma como modo de supervivencia ante un medio tan imprevisible como hipnotizante. Salió este post a los pocos días de regresar a casa http://hoveigdesdelamevafinestra.blogspot.com/2017/08/no-te-puc-oblidar.html

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  2. Hola Alberto

    Vuelvo a comentar después del parón veraniego. Los comentaristas también tenemos que descansar.

    El desierto tiene algo especial que te conecta con el universo. No sé cuál es el motivo, pero funciona.

    Un abrazo

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    1. Muchísimas gracias por tu entusiasmo, en tu blog también encuentro cosas que me gustan.
      No dejes de visitar Marruecos, sobre todo si tienes una invitación local por medio. No te arrepentirás. Disfruta del viaje.

      Le gusta a 1 persona

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