El guardián de los restos

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La tumba de Ibn Battuta

Antes de que Marco Magoa me mostrara el viaje de Ibn Battuta es su inspiradora adaptación teatral, incluso antes de saber que un libro recogía las venturosas andanzas de su recorrido de veintitrés años, ya había oído hablar de este tangerino ilustre. Aunque no me había percatado de que el aeropuerto de Tánger llevaba su nombre, sí que conocía que su féretro se encontraba en un minúsculo morabito escondido en la medina. Quizás porque me atraen los cementerios o para creerme el protagonista de una historia de Las mil y una noches, la había buscado en más de una ocasión. Pero nunca di con ella. Es cierto que no me preparaba adecuadamente, no me molestaba en buscar su ubicación exacta en algún mapa, y por supuesto no preguntaba a nadie dónde se encontraba (jamás solicito indicaciones). Pretendía dar con ella utilizando tan solo mi intuición. Estaba convencido de que terminaría por descubrirla. Así que deambulé sin rumbo y hallé otros rincones que desconocía, pero no la tumba de Ibn Battuta. A lo mejor los yunun hacían que me perdiera en el laberinto para divertirse. En cambio, un sábado de junio que intentaba localizar un café literario, me topé con ella. Ahí estaba, con una placa explicativa y todo, como riéndose de mi torpeza. Desde entonces, no dejé de ver docenas de carteles con flechas que guiaban hasta allí. Apenas había que seguirlas. Pero a mí se me había aparecido como por arte de magia.

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Ejercicios de comprensión escrita

Me descalzo para entrar en la minúscula estancia y me siento en el suelo tapizado. A un lado, tras un enrejado blanquecino se encuentra un féretro que por su tamaño se diría que alberga a un niño. Lo cubre un manto verde con escritura árabe bordada en oro. Supongo que serán versículos del Corán. Como siempre, intento leerlo sin comprender ninguna palabra, apenas identifico letras sueltas. Reina un silencio que invita a la observación y descubro unos libros sagrados sobre un par de anaqueles destartalados. El aroma sacro lo otorga Mojtar, el hombre sentado a mi lado que cuida de este lugar. Está recitando en voz muy baja, casi imperceptible, como si no quisiera molestar. No me doy cuenta de que está ciego hasta que entra tímidamente una pareja de franceses. El hombre entonces levanta la cabeza como si los olfateara. Hablan entre susurros y cuando se marchan, el guardián, otea alrededor preguntándose quizás si queda alguien. Interpreto su gesto como una invitación a la charla.

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Sereno, meditativo, espiritual

Me habla de sus siete hijos, tres de ellos en España (parece haber detectado mi origen a pesar de hablarle en dariya). Me gusta mirarlo, descansa sus manos requemadas sobre la gruesa chilaba de lana marrón que lo cubre hasta los pies. Su presencia es tan sosegada y su forma de hablar tan serena que por un momento le envidio. Transmite espiritualidad. Quiero huir de lo terrenal. Se me ocurre entonces cerrar los ojos para jugar a ser Mojtar: adivinar quién entra, su procedencia, si está triste o animado. Pero pasan los minutos y seguimos los dos solos, entonces lo oigo moverse, ha alabado a Allah al levantarse. En su oscuridad se va chocando con las paredes. Abro los ojos instintivamente y lo veo buscando algo sin lograrlo. ¿Qué necesitará? Me gustaría ayudarle, pero no sé ni lo que le falta ni dónde lo guarda. Me imagino que se trata de un Corán escrito en braille. Al final localiza una enorme llave y se dirige hacia la puerta con intención de cerrarla dejándome atrapado dentro. Solo entonces protesto asegurando que sigo allí con él. El pobrecillo se ha olvidado de mí, alguna preocupación ha debido de ser la culpable. Insiste para que le diga exactamente la hora que es. Me asaltan un par de motivos posibles por los que el sabio guardián tiene que irse a toda prisa, pero por pudor no me atrevo a preguntarle. Veo cómo se aleja por las estrechas callejuelas y me quedo solo junto al morabito.

Comienzo mi andadura de regreso al Zoco Chico acompañado de la serenidad de Mojtar. Los hombres se agolpan en un café. Miran todos en la misma dirección. ¿Qué admirarán extasiados? Acaba de pitar el árbitro. De nuevo el partido del siglo. Al fondo distingo una chilaba marrón que me resulta familiar. Misma barba entrecana, misma mirada perdida, misma forma de olfatear lo que sus ojos no pueden ver. Me niego a entrar para confirmar mi sospecha. Me niego a creer que sea él. ¿Tú también, Mojtar?

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El partido del siglo de esta semana

24 comentarios sobre “El guardián de los restos

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  1. Hola Alberto, acabo de leer tus últimas entradas disfrutándolos verdaderamente. Los cementerios me gustan también mucho y el fútbol nada. Sin embargo me han llamado mucha atención los campos de fútbol en Marruecos. Hay muchísimos, casi en cada aldea hay un campo interesante por ser tan improvisado, incluso en terreno bastante pendiente y las porterías a veces solo marcado con una piedra o hecho de las maneras mas vario pintas, que me he quedado con las ganas de hacer una serie de fotos sobre los campos de fútbol.
    Dentro de dos semanas pasaremos el estrecho para estar otros 3 meses en Marruecos disfrutando.
    No dejes la idea de hacer un libro. Estoy muy contenta con el mio, que está a la venta en España y Alemania solo desde hace unas pocas semanas con ventas y respuestas muy gratas. Te deseo todo lo mejor para este año, Marlis, marruecos.home.blog

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    1. Es verdad que estos campos de fútbol medio improvisados también son muy característicos. Me alegro mucho de que tu libro sobre Marruecos esté teniendo una buena acogida. Disfruta mucho de tu próxima estancia por estas tierras.

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  2. Soy adicta a los buenos finales y el de este relato lo es. Por partida doble: Mojtar en el café y tú negándote a comprobarlo.

    Y también me ha gustado la repetida antítesis entre lo espiritual y lo terrenal; las reflexiones ante la ceguera, el encuentro fortuito de algo que querías conocer…

    Buen tema también para el monográfico de Sures. ¿Te imaginas un único lector en un café repleto de gente viendo un partido?

    Pero no, tu idea es mucho mejor. Tu hermoso relato del café Risani (mar/desierto… , café literario…, libros calzando las mesas que cojean…
    ¡Y me hizo recordar mi libro favorito!

    ¿Llegó el tuyo?

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  3. Hola, el futbol, un tema del que todo el mundo cree saber más que nadie, todos lo harían mejor mejor que cualquier jugador, cualquier entrenador, incluso gastarian mejor el dinero que los presidentes de los equipos, sobre todo de los grandes. Otra cosa es el futbol base, donde unos chavalillos no dudan en madrugar para jugar el partido de los Sábados. Felicidades a sus papás que los apoyan..

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  4. Me encantan tus entradas que me sirven para irme haciendo itinerarios al margen de las cada vez más odiadas guías de viaje… me haces entrar en lo que es perderse en la ruta y …dejarse llevar, aunque sea por el fútbol.
    Ya ves, con mi amigo Hassane de Rabat, estuvimos hablando un buen rato de fútbol ante los ojos atónitos de mi hijo, a cuenta de Zaki Badou, quien jugó en el Mallorca como portero, ni te imaginas las risas, porque en ésa época, para hacer mejor mi trabajo con jóvenes, me leía el Marca, … así que no hay que menospreciar cualquier motivo para entablar conversación…. a ver si además de al hammam vas a tener que ir al estadio…. ;-).

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    1. En mi vida anterior (ingenieril) estaba al tanto de cómo iba la liga y la Formula 1 para las conversaciones durante las cenas con los clientes…
      De lo que sí estoy seguro es de quere buscar mis propias rutas. Gracias por tus palabras y por tu fidelidad.

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  5. A mi también me encantan los cementerios, ayudan a entender la vida. Me ha emocionado lo de olfatear para ver, mi abuela siempre lo hacía, no nos enteramos de que era ciega hasta que un día no conoció a mi padre porque estaba ronco. Es que veo muy poco, nos dijo, pero no importa en realidad no me hace mucha falta ver más.
    Me ha encantado la entrada.Un abrazo, Albert0

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  6. En efecto, hasta que se ha encendido la tele, es un relato sacado de: “Las mil y una noches”.
    Después tuvimos que cerrar el libro…..¡se coló el futbol!

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  7. Una de las cosas que me llamó la atención es lo mucho que se sigue la Premier League en Marruecos, supongo que porque el fútbol es uno de los pocos entretenimientos que la gente cree tener allí, pero me sorprendió que fuera esa liga en particular. El fútbol es quizás la mayor razón para reunirse en bares (los hombres) y socializarse. Curioso.

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    1. Pues ya te has dado cuenta de algo de lo que yo no era consciente. Tengo la sensación de que ven lo que les echen…
      Una excusa para estar en el café.

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