Meshi shughlek: La decepción fotográfica

Estoy de regreso en el tren de mi encuentro con el fotógrafo. Unas horas antes meditaba sobre cómo contarle mi planteamiento, me preocupaba que una propuesta sin remuneración no le resultara en absoluto atractiva, que se sintiera estafado por pretender que hiciera la imagen para la portada de mi Meshi shughlek a cambio de una supuesta exposición en algún centro cultural. Pero la charla ha sido de lo más fructífera y ha aceptado sin condiciones. Incluso me ha resultado casi demasiado sencillo. ¿Dónde estará el truco? Le parece interesante hacer una serie de fotografías en el hammam. Continúo el viaje revisando mis notas previas, matizando lo que debe expresar cada composición que tengo en mente. Al día siguiente, vuelven las dudas las dudas, pero me relajo al comprobar que en su muro sonreímos juntos delante de la medina de Casablanca. ¿Cuándo volveré a confiar en los desconocidos?

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Confianza vs desconfianza

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La mayor nitidez que puedo lograr

Estamos a primeros de enero y la fecha tope para entregar la foto escogida es el 31 de marzo. Con un profesional talentoso ya de mi lado, respiro aliviado y me dedico a revisar la traducción de El limón, de Mrabet. ¿Por qué vendrán a pares los asuntos que requieren mi plena dedicación? El mes avanza entre relecturas en voz alta con un bolígrafo rojo en la mano. El fotógrafo me dijo que estaría ocupado un par de semanas, que ya han pasado. Lo saludo por whatsapp como recordándole que tenemos un proyecto a medias. Hay que escoger el sitio adecuado, mi propuesta es el hammam de baldosas blancas y negras que visito cada semana. Pero no le he consultado todavía al responsable porque intuyo que será mejor que lo traté con él mismo, que es marroquí. Me gustaría que Yunes viniera a Kenitra este mismo fin de semana para que lo visitemos juntos. Vuelvo a escribirle. No responde. Estará ocupado con algún trabajo. Será mejor que no lo presione demasiado, no debo olvidar que prácticamente me está haciendo un favor. Dejo pasar un par de días antes de pegarle un telefonazo. No hay respuesta.

Otras tareas pendientes no me permiten preocuparme demasiado. Pasan los días y se repiten los mensajes y las llamadas sin que consiga hablar con Yunes. Lo intento con insistencia por redes sociales, hasta que me doy cuenta de que ha pasado un mes desde que nos estrechamos las manos y desde entonces no ha vuelto a contactarme. ¿Y yo me arrepentía de desconfiar de su palabra? De repente, me pesan las cuatro semanas transcurridas sin haber avanzado nada. Pero no hay tiempo para lamentaciones. Necesito una alternativa, pero no conozco a más fotógrafos. Apenas se me ocurre que quizás Sami Ftouh, un pintor amigo, pueda pasarme algún contacto.

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En la exposición de Sami Ftouh

Sami, tan amable como siempre, me dice que cuente con su ayuda, que encontraremos a la persona adecuada, que entre artistas son habituales estas colaboraciones. ¡Qué suerte charlar con él durante la inauguración de su última exposición! Ya me siento en deuda con él. Me pide unos días para consultarlo entre los varios nombres que tiene en mente. Me cita para el domingo, único día que podemos coincidir. Diez de febrero, ya casi ha transcurrido la mitad del plazo. La fecha llega, parece que ha encontrado a mi hombre. Quiero conocerlo cuanto antes, lo llama para intentar que venga a su taller. Hoy no puede. Entonces durante la semana. El martes. El martes no puedo yo, es que trabajo. ¿Te he contado que ahora doy clases de español? Tendrá que ser el próximo domingo. Diecisiete de febrero. El tiempo vuela. Pero el diecisiete Sami amanece enfermo y lo pospone para la siguiente semana. Demasiado tarde. ¿Podemos vernos el miércoles por la tarde? Un café rápido para saber que el candidato le está dando largas, pero hay otro aún mejor. Sami es un hombre de recursos y de buenas intenciones. Nuevos encuentros, mismas excusas y más nombres…

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Sami Ftouh, el salvador

El tiempo pasa, la ansiedad crece y presiento cómo se desmorona mi castillo de naipes. A la desespera, lo intento casi con cualquiera que tenga una cámara en sus manos. Hasta que me paro y me doy cuenta de lo absurdo de mi propia propuesta. ¿Cómo voy a conseguir hacer fotos en el hammam si los hombres hasta se tapan de forma pudorosa al cambiarse? ¿En qué momento he creído posible que van a aceptar ser exhibidos en una sala de exposiciones sus cuerpos semidesnudos? He necesitado dos meses de palos de ciego para comprenderlo. Restan cuatro semanas para la fecha máxima de entrega.

Todas las entradas dedicadas a la escritura de mi primera novela se encuentran en la pestaña No es asunto tuyo dentro de la sección El escriba.

Tiempo rememorado: 1 de enero de 2019 – 3 de marzo de 2019

 

6 comentarios sobre “Meshi shughlek: La decepción fotográfica

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  1. Hola Alberto

    Hace tiempo que Murphy encontró la respuesta a tu pregunta: ¿Por qué vendrán a pares los asuntos que requieren mi plena dedicación?

    > La oportunidad siempre se presenta inoportuna.

    Así que vete preparando. 😊

    Un abrazo

    Me gusta

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