Jean Genet, poeta del mal

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Pompas fúnebres, de Jean Genet

Durante mi estancia veraniega en Soria me acerqué a su Biblioteca Pública. Una verdadera joya que, ahora que vivo en Marruecos, valoro en toda su dimensión. Paseé entre sus estanterías repletas de tesoros por descubrir y rememoré cuántas veces había estado allí antes, desde niño. Recordé la primera vez que tuve a Jean Genet en mis manos y cómo leí a escondidas Nuestra Señora de las flores de adolescente. Temblaba nervioso y temía que la sola posesión del libro desvelara mi intimidad. Sus páginas me abrieron la puerta a un mundo de vagabundos y crimen, de amistad y sexo, de ternura y salvajismo, de pétalos y tumbas. Hace unos meses leí su Diario del ladrón porque presentía que lo necesitaba para comprender a un personaje que insistía en salir a flote (1). Me divirtió su libérrimo uso de las notas a pie de página. La penuria de sus habitantes me conmovió, mientras me asqueaba la mirada pornográfica de esos occidentales que se asoman a su mundo de miseria. Con estos antecedentes en mente, agarré del estante con entusiasmo Pompas fúnebres y pensé cómo la vida me ha ido llevando por cada una de las novelas de Jean Genet, como si fueran hitos imaginarios de un recorrido expresamente preparado para mí.

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Atardecer
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Tras las dunas

La historia transcurre durante la segunda guerra mundial en el París ocupado por los nazis y en ella se percibe su inconfundible aroma a marginalidad. Me parece verle sufrir mientras escribe, destrozado por la muerte de su amante a manos de los alemanes. No es un dato banal. Saberlo te acompaña durante sus páginas que apestan, cómo esperaba, a crimen y traición. Y sin previo aviso, aparece de repente algún destello de absoluta delicadeza y ternura que surge majestuoso en medio de ese claustrofóbico ambiente. Genet lo explica mejor que yo. Me da un vuelco el corazón cuando leo una de sus reflexiones: “El poeta se ocupa del mal. Su papel consiste en ver la belleza que en él reside”. De nuevo siento que ese fragmento está colocado estratégicamente allí para que me choque contra él, para que no me deje indiferente. La idea se queda grabada en mi mente y se la regalo a una amiga en un mensaje como respuesta a una pregunta difícil de responder. No entiende cómo es posible que la lectura de El pan a secas haya hecho que Marruecos fuera atractivo para mí. Mágicamente todo cobra sentido. Me doy cuenta de que es lo que he estado haciendo todo este tiempo. Seré más claro con un ejemplo.

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Catalizador de historias

Desde el Hotel Muniria hasta el Café Paris en Tánger en el que pretendo desayunar, me encuentro con montones de basuras arrinconados en unas desconchadas escaleras, un vagabundo maloliente que ha dormido en un descampado cercano, una pelea entre dos jóvenes que se amenazan con botellas rotas en sus manos, un puñado de niños callejeros con la mirada perdida por tanto esnifar pegamento, una mujer con ropa ceñida que fuma (2) mientras un chaval le grita y le tira piedras, un hombre que me muestra unas gafas de sol robadas, un viejo mal afeitado que se enfada porque no me paro a conseguir algo de hachís, bolsas y papeles que cubren las aceras del boulevard, hombres en los cafés que han perdido el interés por casi todo, buscavidas, maleantes, incultura y miseria. No siento ninguna motivación a escribir sobre ellos. Únicamente ahora lo hago provocado por Jean Genet. Sin embargo, si ese mismo vagabundo camina para llevar una rama de olivo al cementerio, aunque sea arrancada por el camino, esa sola imagen dispara mi mente y siento que me dicta toda una historia. Si más tarde me preguntaras qué hay entre el hotel y el café, te diría que no te pierdas la Librairie des Colonnes, ni las terrazas que salen nombradas en las novelas de Choukri y que lo mejor siempre está al llegar. El premio hoy es compartit mesa con Mohamed Laabi y escuchar cómo me habla de Larache. Su charla me divierte (dice que el autor del libro que está leyendo es un muttakebir (3)), me descubre nuevos autores que desconozco y me hace olvidar toda la miseria que he visto de camino. También mi trabajo consiste en rescatar la belleza que florece entre el mal.

(1) Llegado el caso, negaré rotundamente que Nefsi tenga ninguna inspiración en la obra de Genet.

(2) Meretriz

(3) Pista para contemporáneos: nos torturaron con la obligada lectura de un libro suyo en el último curso del instituto, aquella pesadez del caracolillo en la frente…

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El mar

Pumpas fúnebres fue editado por Debate editorial y lo puedes encontrar en la Biblioteca Pública de Soria y supongo que en muchas otras.

6 comentarios sobre “Jean Genet, poeta del mal

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  1. Sin duda, uno de los mejores artículos, si no el mejor, que has escrito. Impresionante reflexión, y muy acertada sobre la literatura de Jean Genet. Recuerdo haber preparado su obra de teatro: “Las criadas” en la Escuela de Arte Dramático como ejercicio para perfeccionar personajes oscuros, complicados, de doble faz, y darles vida. Y….justificarlos de alguna manera. Es decir….descubrir la belleza que hay en ellos.
    Me ha encantado , sin duda, tienes esa sensibilidad para escribir y transmitir la belleza que hay en este tipo de personajes.
    Sigue inspirándose así de bien.

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    1. Hermana, ¿de verdad ha sido necesario que haga un blog sobre Marruecos para descubrir que preparaste “Las criadas”? Ya tenemos tema de conversación para esta Navidades. Gracias por pasar por aquí a comentar. Me alegro de que coincidamos en la reflexión.

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