Charla sarracina con Juan Goytisolo

Malika, siempre tan amable, me avisa con meses de antelación de que este mismo año se va a realizar un coloquio para celebrar el quincuagésimo aniversario de la publicación de Reivindicación del conde Don Julián. De golpe me avergüenzo al pensar que no he vuelto a leer a Goytisolo desde Makbara. Al menos tengo el libro en la estantería y puedo cogerlo de inmediato. Me tiro a la calle con el volumen en la mano, decidido a dedicarle la mañana en algún lugar tranquilo. La terraza del café que mira al río Sebu está prácticamente vacía y el camarero, ensimismado en su teléfono, no se da cuenta de mi llegada. Ojeo el libro y me salto las setenta páginas de introducción por miedo a no acabarlo a tiempo para el encuentro. Jean Genet me da la bienvenida con un extracto de su Diario de un ladrón: Soñaba con Tánger…, más bien guarida de traidores. Ya me siento como en casa, dispuesto a leer sin descanso: tierra ingrata, entre todas espuria y mezquina, jamás volveré a ti. Pero a la segunda línea, me interrumpe el camarero. Atei bnaana. Y, aunque intento concentrarme, cada dos por tres me distraigo, cuando no por un limpiabotas, por unos chiquillos que van gritando camino de la playa. Ya ha pasado media hora y aún sigo en la misma página. Tomo aire y comienzo de nuevo: tierra ingrata, entre todas espuria y mezquina, jamás volveré a ti. Pero el trasiego del gentío me hace levantar la cabeza para curiosear. Debe de haber algún zoco por aquí cerca. Al final, dejo el libro sobre la mesa para disfrutar del ambiente prometiéndome que mañana sin falta retomo la lectura.

Reivindicación del Conde don Julián, de Juan Goytisolo

Pero pasan los días y los meses y me voy enredando en otros proyectos que apenas me permiten leer a ratos sueltos. ¿Llegaré al dieciséis de noviembre con la novela terminada? Mis temores se confirman y la noche anterior los remordimientos me hacen dar vueltas en la cama sin pegar ojo, así que por la mañana mi cara evidencia la falta de sueño. Los participantes se saludan al conectarse, en cambio yo solo me concentro en intentar escucharlos, pero los ojos me pesan y la charla se convierte en una agradable zoombido que me va acunando mientras se relaja mi cuerpo y se ralentiza mi respiración.

Al abrir los ojos me molesta un sol cegador. Poco a poco voy reconociendo el lugar. Aunque me resulte imposible he aparecido en Yemaa El Fna. Una voz amiga me susurra: Escucha atento, Mrteh, y calla por una vez tus expansivas y alegres carcajadas. Varios hombres y mujeres me rodean, en una suerte de halqa al revés, y se turnan para hablarme, iluminándome rincones donde no había mirado: En Goytisolo no hay cursivas, todas las lenguas están al mismo nivel porque no hay que menospreciar ninguna. Además, es una obra para ser leída en voz alta, por eso estamos en esta plaza. Sidi Juan se dedica a criticar lo propio y a valorar lo ajeno. Y, ahora, Mrteh, acércate al café de France, que te está esperando.

Libro de buen amor, de Juan Ruiz

Me encamino hacia allí sin protestar, pero ¿no estaba cerrado? ¿Y quién me estará esperando? Cuando llego a la terraza, me encuentro con Juan Goytisolo en persona, que me invita a sentarme con él. Tantas veces he fantaseado con este momento…, pero ¿no estaba muerto? Ya sé, Mrteh, que no has podido con Don Julián. ¿Cómo ibas a entenderlo si no has leído a los clásicos? ¿A qué esperas para disfrutar de La celestina y del Quijote? Enrojezco y titubeo intentando explicarme. ¡No hace falta que te justifiques, hombre! Pero te aconsejo que no dejes de hacerlo. Sabes, leer Libro del buen amor en esta plaza ha sido una de las experiencias más hondas e intensas de mi vida. El texto tan ligero y burlón encaja a la perfección con la comicidad popular de la tradición oral de esta plaza. Ahora tengo que irme a casa, pero vuelve mañana, te hablaré de mis novelas y de las crónicas sarracinas de otros escritores que viajaron por Oriente. Porque supongo que tampoco has leído a Edward Said ¿no? Esta misma mañana, he regresado un poco nervioso al café de France en Yemaa El Fna, ayer mismo busqué alguna de las lecturas que me había recomendado sidi Juan, pero no he encontrado a Juan Goytisolo. En su lugar, el camarero me ha entregado una copia de su Crónicas sarracinas. Leerlo es como charlar con él. Gracias, maestro.

Crónicas sarracinas, de Juan Goytisolo

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