
Al llegar a la estación, incluso sin haber entrado todavía, te asaltará una palabra que oirás por todas partes: maatal, maatal, maatal. De tanto que la escucharás, supondrás que será una palabra para identificar algo tremendamente común en una estación ferroviaria. ¿Significará tren, billete o andén? Estás cerca de adivinarlo. Me admira tu perspicaz uso de la lógica. Si no has acertado lo que quiere decir se debe únicamente a que tendrás que hacer dos o tres viajecitos por Marruecos para darte cuenta de qué es algo de lo más común en este país. ¿Ha llegado ya el tren de Casa Port? Maatal. ¿A qué hora sale el que va a Tánger? Maatal. Aunque no lo creas, hacerte esperar antes de darte la solución es también una pista. Veo que sonríes justo al tiempo que suena un nuevo anuncio por megafonía: El tren proveniente de Sidi Yhia El Gharb y con destino a Sale Tabriquet lleva un retraso de cincuenta minutos. Les agradecemos su comprensión. ¿Cómo no lo has pensado antes? El tren llega maatal, con retraso. Vete acostumbrándote.

Todavía no he encontrado una expresión que nombre lo más característico que ocurre en el andén. Tan pronto como los vagones se paran, se echan a correr los viajeros para agolparse cuanto antes delante de las puertas e intentan subir al tiempo que descienden los que tienen esta parada como destino. Entonces comienzan los empujones, los ejercicios de contorsionismo, los gritos y las discusiones. Parece divertirles el caos que se monta, como si en el fondo no buscaran más que un tema de conversación: Pase señora, que con ese bolsón que lleva seguro que bloquea la salida usted sola y pasamos aquí la tarde la mar de animados. A mayor dificultad para moverse, más ganas tienen por ser los primeros y así evitar que circulen sin impedimentos los demás pasajeros. Cosas como estas me hacen pensar si no será todo más que una representación que interpretan para que no me aburra durante mi viaje. ¿De verdad montáis semejante espectáculo de manera natural? ¿Ni siquiera lo ensayáis cuando no estoy presente?

En cuanto hayas subido al vagón, tendrás que buscar un sitio donde sentarse. En épocas festivas te será imposible encontrarlo. Y en otras ocasiones tendrás que luchar porque te hagan un hueco. Los hay que ocupan dos asientos y se hacen los dormidos mientras se acomodan los viajeros recién llegados para así poder seguir a sus anchas durante el resto del trayecto. Dale a alguno un golpe en el hombro y, señalando el sitio que pretendes ocupar, pregúntale: Jaui? Si te dice que está aamar, entonces significa que ya está ocupado por alguien, pero te podrás sentar si te confirma que está jaui, que sigue libre. En cuanto el tren haga un par de paradas, si te mantienes atento a las conversaciones, se te grabarán para siempre estás dos palabras: Jaui, aamar. Incluso es posible que se desaloje algún sitio junto a ti y puedas practicarlo tú mismo.

Cuando te canses de este ejercicio, raro será que no notes la increíble frecuencia con la que reciben llamadas para preguntar si les falta mucho para llegar: Fein uselti? Parece una clase de geografía magrebí. Fein uselti? Sidi Yhia. Y a los cinco minutos: Fein uselti? Sidi Sliman. Y a cada rato, aunque falten más de dos horas hasta su destino final, algún familiar los llama para saber por dónde van. Sería absurdo que intentara escribir una distopía ambientado en un Marruecos futurista porque el panorama actual en la que todos se controlan entre sí ya parece salido de 1984 o de alguna otra novela de ciencia ficción. En cualquier caso, en lo relativo a nuestro curso de dariya: Fein uselti? Pues voy por el cuarto párrafo. Todavía nos falta una parada.

Esos compartimentos con ocho asientos enfrentados entre sí se pueden convertir en tu mejor escuela para practicar el idioma, descubrir sus costumbres e incluso para recibir invitaciones a tomar un té la próxima vez que pases por Soq Larbaa. Tu pinta de extranjero les hará hablar contigo. Quizás la red ferroviaria, sabiendo cuan provechoso son estos viajes para los extranjeros que quieren entablar conversación con los locales, hayan implantado un novedoso sistema de retraso sistemático que te regalará casi seguro una hora adicional en la que seguir charlando con tus compañeros de vagón. Antes de bajar definitivamente del tren, no pierdas la ocasión de practicar una última enseñanza de esta lección deseándoles un buen viaje: Tariq salama!
Muy bueno tu relato!!! Aunque, salvando las distancias, esos trenes no tienen mucha diferencia con los de mi país….. Retrasos, aglomeraciones, en Argentina son muy comunes
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Supongo que en casi todas partes cuecen habas.
Gracias por tu comentario.
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Hola, bueno trenes como esos los he vivido hace mucho, de madera pero creo que más puntuales, acabo de leer un libro de posguerra sobre un viaje por Francia en tren »Un saco de canicas». Me lo ha recordado tu blog. Felicidades por tu relato. Un abrazo.
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Me alegro de que este relato te haya recordado a una novela. ¡Así da gusto!
Gracias por tu fidelidad.
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Hola Mrteh!
Me gusta como conviertes tus experiencias en literatura. Veo que la canasta de flores ocupa un asiento en el tren » beseha ». El tren en Marruecos ha logrado avances. Yo me acuerdo de los trenes donde había una tercera clase. Eran de madera y muy baratos. Ahora tenemos el tren de alta velocidad. Me han contado que es muy cómodo y rápido.
Tu aventura en el tren refleja la realidad . La compañía ferroviaria tiene que mejorar más.
Es correcta la palabra « معطل » , que en dariya significa retraso.
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No sabes la alegría que me das con lo del maatal, porque ya me habían dicho dos personas que me había equivocado.
Marruecos me resulta muy inspirador y me gusta escribir sobre las cosas sencillas que ocurren a mi alrededor, incluso puede que me acabe imaginando cómo era esa tercera clase de la que hablas: ¿Tenía asientos??
Bienvenida al zoco!!!
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Gracias Mrteh por aceptarme en el blog. Los trenes de tercera clase no tenían compartimentos y los bancos al principio eran de madera , luego los forraron en cuero.
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Me gustan esos bancos de madera. Gracias por comtármelo.
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Hola Alberto
Más que un viaje a un país, parece un viaje a un tiempo pasado. No sé si los trenes españoles tuvieron alguna vez episodios parecidos a estos… pero no me extrañaría.
Un abrazo
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Seguro que los tuvieron en el pasado, pero la verdad es que yo no los he conocido. Gracias por tu fidelidad.
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Hola Alberto soy » Khadija » . Me ha gustado mucho tu estilo de narración.
En cuanto al ‘mataal’ es el aeropuerto. E casi todas las estaciones de tren marroquíes suele haber unos taxistas a la espera de los viajeros para llevarles al ‘mataaaar » que es el aeropuerto. Por ello pasan el tiempo llamando ‘mataaaar ».
Y para el tres y los compartimentos sí que son una verdadera clase para practicar dariya.
Saludos cordiales
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Muchas gracias Khadija por tu comentario. Me refiero a maatal, que supongo que se escribe así:
معطل
Corrígeme si sigo equivocado. Gracias por pasarte por aquí.
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Como si fuera en el tren, tal cual, y éso que sólo lo he vivido en dos ocasiones, espero poder repetir, porque, como dices, parecen actuar y facilitarte las historias…
Gracias de nuevo, Alberto, por este transporte a Marruecos desde tu blog… No me pierdo un post!
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Gracias Laura por tu fidelidad. Viajar en tren siempre es unas aventura, y en Marruecos aún más.
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Maatal, no como tu entrada del Zoco, que siempre llega puntual!
Tariq salama!
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¡Bravo!, Eres un alumno de primera clase.
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