La vida que te has buscado, Juanita Narboni

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La vida perra de Juanita Narboni, de Ángel Vázquez

Mal pensada de mierda, Juanita, serás capaz de llamarme ladrona, a tu propia hermana. Laisse tomber. Bien sabes que las alhajas de la descansada de mamá son tan mías como tuyas. Y para lo que las quieres tú, mejor será que me las lleve. Antes de que acaben empeñadas en el Crédit Immobilier. No está hecha la miel para la boca del asno. Todo esto son solo souvenirs para las horas lejos de vosotros. No creerás que podré abandonar Tánger sin unos recuerditos. Capaz serás de llamar ladrona a tu propia hermana. Así os tendré siempre en la memoria a ti y a mamá. Ay, mamá, ¡cuánto te echo de menos! Y más que te echaré, ahora que me voy lejos, que ni esta casa tendré cerca. ¡Qué importará que me lleve nada!

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A salvo del pecado

Hablarán de mí, Juanita. Ordinaria, memloca, pendona, puta. Todo quisque volviéndose al verte pasar. La que se le escapó la hermana, dirán. Las hermanas Salypún, que te las encuentras en cuanto pones un pie en la calle. Como si las oyera. De noveneo y de chismorreo. ¡Qué chusmerío! La jeune fille mal élevée. Bien satisfachadas se quedarán. Les caiga un mal. Bonito cuadro todas esas protestantas habla que te habla. Un puñado de chismosas. Malmeterán diciendo que me he marchado con el primero que ha pasado por mi lado. Si las tuviera delante. Porque a la cara no se atreven a decir nada. Son todos sonrisas. Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos. Les diría que ni es el primero, ni ha pasado por mi lado, que he sido yo el que lo buscó en la fiesta en el Teatro Cervantes. Que rabien de envidia. Pero no te ofendas, Juanita, que no lo digo por ti, que aún puedes encontrar un novio que te saque a pasear por la Avenida de España. No sé cómo lo hago para terminar siempre insultándote, ma chère, con lo que yo te quiero.

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A salvo del viento

De buena familia valenciana, Juanita. Militar. Te habría traído conmigo a la fiesta, pero yo misma era solo una acompañante. Tenías que haber visto la casona llena de oficiales. Y de todos ellos, el mío el que mejor planta tenía con el uniforme puesto. Igual que una estrella de cine. Podría salir en el pantallón del Cinema Capitol. Y cómo me aprieta cuando me saca a bailar. Si nos rozamos más de lo que esas chismosas encuentran decente es porque se me aflojan las piernas de tan fuerte como me sujeta. Y sus ojos me hipnotizan al mirarme y ni darme cuenta para cuando me está besando. Como en aquella película de “Lo que el cimiento se llevó” que tanto os gustó a ti y a mamá. Igual que Clark Gable, que os dejó a las dos hipnotizaditas. Que hasta Daddy se puso celoso. Nada más atractivo que un caballero encendido. Sobre todo uniformado. Yo ya he encontrado al hombre de mi vida.

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A salvo de miradas

En el fondo te tengo envidia, Juanita. Tú te conformas con tan poca cosa. Le vrai bonheur c’est le bonheur des autres. Tienes mala lengua y mucho genio. Eres mala sin maldad, a lo tonto. Cuando tienes que hablar, la callada por respuesta y cuando te convendría mantener la boquita cerrada, lo sueltas todo al tuntún. De lo peor, Juanita. Siempre atolondrada por el qué dirán. Más vale caer en gracia que ser graciosa, bien lo decía la descansada de nuestra madre. Tienes que tener un poco más de salero, mi reina, no puedes tener la casa hecha una leonera. Que todo se pega. Deberías hacer como yo y ser moderna, pero tú eres harina de otro costal. Ahí te plantas en medio de una fiesta con cara de chivo y te enredas a pensar. Y lo que pasa por tu cabeza se te nota en esos ojazos negros que tienes. Asustada, que ni que estuvieras en Manderley a la espera de que se apareciera Rebeca. Ya estoy desbarrando yo también, como dices tú siempre. Todo el día hablando sola. Hamruch, trae, Hamruch, pon, no te quites el jaique, Hamruch. Si escribieras en un papel todo lo que se te ocurre, igual hasta nos reíamos todas juntas. Deja todo bien anotadito y me lo lees cuando venga a visitarte. Aunque igual es peor el remedio que la enfermedad. Laisse tomber, ma chérie. Cuida de Daddy y dale un abrazo de mi parte. Ahora que te preparo esta carta de despedida, solo se me ocurre pensar en cómo tienes la cabeza, Juanita.

Elena.

 

La vida perra de Juanita Narboni de Ángel Vázquez, reeditado por Seix Barral, es quizás el mejor libro en castellano que he leído. Desde luego con el que más me he reído. Revitalizante e imprescindible.

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A salvo del tiempo

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