Regreso a mi hammam habitual

El plan para la tarde del domingo está bien claro, peluquería y hammam, un combo al que le he cogido el gusto, pero esta vez no va a ser tan sencillo llevarlo a cabo. La primera sorpresa me la encuentro en el halaq, que está lleno hasta los topes y el dueño me avisa de que me va a tocar esperar más de una hora, así que decido ir primero a los baños para aprovechar el tiempo. Sin embargo, no tarda en aparecer el segundo contratiempo, el hammam Mimosa no está abierto. ¡Vaya! Con las ganas que tenía… No recuerdo haberlo visto nunca con la llave echada. Tampoco se acaba el mundo, puedo irme al Maamora, aunque no me guste tanto porque las salas no están tan calientes. Callejeo hasta allí tan solo para descubrir que está cerrado a cal a canto. Pero ¿qué está pasando? ¿No habrán prohibido ir al hammam por culpa de la pandemia? Un hombre se acerca para decirme que van a tirar abajo el edificio para construir otro de siete plantas.

Hammam Maamora

Y, ahora ¿qué hago? No quiero quedarme sin ir a los baños, así que me acabo dirigiendo a los que iba cuando llegué a Marruecos, hace ya ocho años. Va a ser toda una experiencia volver después de tanto tiempo. Pero cuando me acerco, me dio cuenta de que todavía es el horario de las mujeres (no todos los baños tienen dos espacios diferenciados) y que hasta la ocho no podré entrar. Como quedan más de tres horas, decido volver a casa sin darme el baño, con el pelo igual de largo y empapado en sudor por tanta caminata.

Mi hammam habitual

Ya ha pasado una semana. ¡Vaya día lleno de recuerdos que he pasado en Soq Lhad! Yo que soy de mirar hacia adelante, no he podido evitar las lágrimas junto a la lápida de Yamal. ¡Menos mal que están tus sobrinos para distraernos, amigo! En el taxi de vuelta a Kenitra tengo claro que, aunque se está haciendo tarde, hoy mismo regresaré al que fue mi hammam habitual, que no cierra hasta la medianoche.

Al entrar me sorprende que los empleados, cinco años después de mi última visita, me saluden por mi nombre. Yo no recuerdo cómo se llaman, tan solo tengo claro con cuáles no debo bajar la guardia, no vaya a desaparecerme de nuevo el calzado. Al abrir la puerta para acceder a las salas calientes, da igual cuál sea tu estado de ánimo o tus preocupaciones, regresas inevitablemente a la casilla de salida. La primera bocanada de vapor te hace bajar el ritmo de tus movimientos e incluso del pensamiento. Aunque me sé de memoria el ritual, esta vez lo hago como si lo viviera por primera vez. Relleno mis cubos en la berma, limpio los restos del suelo donde me voy a tumbar, me embadurno de sabon bildi y ya estoy mirando a la bóveda, a la espera de que me caiga alguna lágrima de sus coloridos y empapados azulejos.

Bien acompañado

Por mucho que pretenda ir de voyeur, ya sé que lo relevante aparecerá observando hacia adentro, así que dejo de lado la recreación del Low de Kylie que se despliega ante mis ojos y comienzo la conversación interior: ya está Meshi shughlek en la calle, después de tanta espera, me ha pillado desprevenido esta extraña sensación de alivio que me ha invadido, pero ¿por qué apenas lo has promocionado? No has hecho ninguna presentación, ni le has contado a casi nadie que el libro se encuentra en el escaparate de la librería Las Heras, ni siquiera has luchado por salir en los medios. Bueno, no te castigues, Mrteh, has estado bajo de ánimos y simplemente no has tenido energía para hacerlo, pero en cuanto salgas por la puerta, tienes que terminar de una vez el maldito dosier de prensa e intentar presentar tu libro allí donde sueñas (Casa árabe en Madrid, Fundación Tres Culturas en Sevillay cualquier lugar donde puedas charlar con un amigo). Tienes que quitarte de encima este absurdo pudor que te paraliza. Si has sido honesto al escribirlo, si ya has hablado del dolor que arrastras desde la infancia y de lo que oculta la mirada de ese joven que finge estar distraído mientras deja entrever su deseo, ¿por qué no quieres ahora compartir los efectos sanadores que ha tenido escribir tu diario íntimo del hammam? Si hace tiempo que asumiste que en sus salas calientes uno debe mostrarse desnudo, entonces toma aire, calma tu respiración acelerada y prepárate para salir ahí fuera y disfrutar contándolo, no dejes pasar ni un minuto.

En el escaparate

Un comentario sobre “Regreso a mi hammam habitual

Agrega el tuyo

  1. Acabo de terminar de leer este libro. Lo compré en Tetuán en la librería donde lo presentaste. Por cierto, yo estaba en Tetuán cuando lo presentaste, en el piso que tiene mi hija muy cerca de la librería y no me enteré de esa presentación hasta después. Si lo hubieras anunciado en este blog hubiera ido.

    El libro me resulta fascinante, tanto por lo que cuenta como por lo que sugiere. Son tantas las preguntas que me surgen para aclarar distintos pasajes, pero tan personales que no podría hacértelas.

    Nunca he ido a un hamman en Marruecos, sólo a los sucedáneos de Granada. Los hombres con los que me trato en Marruecos prefieren la ducha en casa. En cambio mi hija y mi mujer sí van algunas veces, sobre todo cuando vienen otras amigas a vernos.

    Un saludo

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: