Ainania, el idioma de la mirada

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¿Quién puede malpensar de un niño?

El que no se fía no es de fiar. Soy poco amante de los refranes, pero este en concreto siempre lo tengo presente. No solo eso, sino que, quizás por una innecesaria tozudez, tiendo más bien a ser confiado en exceso. Presupongo que reina la bondad. Incluso a veces siento que todo lo que escribo está relacionado con las ventajas de pensar eso de la gente. Llámame insensato que no me ofendo. Lógicamente la experiencia me ha ido modelando a golpes de cincel, ha matizado esta forma de ver el mundo y me ha generado un resorte mental que salta al escuchar cierta frase. Me avisa una alarma interior.

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Peligro inminente: Ana nishan

Ana nishan: Es una expresión relativamente común que literalmente significa “yo (soy) recto”, pero déjame que te ponga en situación para que veas dónde está el truco. Pongamos que acabo de conocer a alguien en una tienda, en un café o en cualquier otro sitio y antes siquiera de saber su nombre, ya me pregunta cuánto tiempo llevo en Marruecos, en qué trabajo, dónde vivo, si estoy casado, si tengo hermanas solteras, si estoy en un piso arrendado, cuánto pago por el alquiler o cualquier otra cuestión de una lista increíblemente larga y variada. Al principio contestaba sin pensármelo dos veces, por aquello de tener confianza en la gente. Más adelante comprendí que en realidad me estaba haciendo una radiografía para evaluar las posibilidades de sacar provecho de nuestro encuentro. A veces me parece tan obvia su forma de asaltarme que no puedo evitar las carcajadas (otro asunto que siempre me trae problemas). Entonces se ofende o lo finge con estudiada teatralidad, ya que intuye que sospecho de la verdadera intención de su amabilidad y suelta la expresión de turno: Ana nishan. Y lo acompaña estirando el brazo como diciendo: soy de fiar, voy con la verdad por delante. Te voy a ahorrar disgustos aclarándote que si se declara un Ana nishan seguramente es un Ana zigzag. Y para hacerle ver que sé por dónde van los tiros le pregunto: Anta nishan?, pero serperteo con la mano igual que hacen ellos cuando hablan de los dobleces de algún tipo que da mil vueltas antes de hablar claro.

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Ojos que no engañan

A los marroquíes les gusta hablar, incluso diría que a muchos les gusta oírse, pero eso es algo que me encanta porque me permite ponerme a charlar con ellos a todas horas. Enseguida se da uno cuenta de que además no paran de expresar cosas con las manos y los imito hasta la exageración. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de que en realidad nunca callan, incluso si tienen la boca cerrada, los ainin, sus ojos, siempre hablan. Y este descubrimiento cambió por completo mi forma de conversar porque desde que empecé a entender el ainania, el idioma de la mirada, soy capaz de intuir sus pensamientos. Con los labios me dice insha Allah y con los ojos me grita que no piensa venir. En arabia me da la bienvenida con zalameros mrhabebikum y en ainania se le escapa que confía en que no me pase por su casa. Esta capacidad recién descubierta me convierte en alguien menos ingenuo, pero me agota leerles la mente y me ha transformado en alguien que duda de todo el mundo. Me ha llevado al otro extremo, ahora parezco el testigo que identifica al asesino en una rueda de reconocimiento.

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¿De verdad quiero dudar de todas las miradas?

Al recordar mi refrán favorito me doy cuenta de que me he vuelto justo aquello de lo que pretendía escapar: un desconfiado recalcitrante. Y eso no me gusta. Pero tampoco puedo ignorar lo que ya sé leer de manera natural. Así que la semana pasada tomé una determinación para integrar esta nueva habilidad en mi vida sin traumatizarme. No he tenido que esperar más que un par de días hasta la siguiente ocasión para poner en marcha mi plan. Me encontré por casualidad con alguien que sé muy bien dónde conocí. Al menos lo recuerdo con simpatía, pero estoy seguro de que nunca nos hemos tomado un café juntos. De manera sorprendente me dice que tenemos que vernos. Tuaheshtek, kidir?, mzien? Te echo de menos, me suelta. Pero sus ojos le delatan. Le pregunto sin preámbulos qué es lo que necesita y me responde dubitativo. Continúo: Perdona juia, tus labios me dicen que quieres compartir un café, pero tus ojos que vas a pedirme un favor. Desprevenido, para cambiar de tema, alaba lo bien que hablo arabia y le respondo que ahora aprendo ainania.

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Retorno al punto de partido

13 comentarios sobre “Ainania, el idioma de la mirada

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  1. Para mí la mirada es un idioma universal que transmite emociones y permite comunicarnos sin necesidad de usar el lenguaje oral.
    Es cierto, que según las experiencias vividas y los palos recibidos intentamos reconstruirla y manejarla a nuestro antojo, pero a la larga la mirada nos acaba delatando porque ese es el lugar que elige la personalidad para salir fuera.

    Un besazo Alberto

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