2019: sí, pero no

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¿Cómo se llamaba este manantial?

Termina un año y comienza otro. Antes de plantearme nuevos retos para los próximos meses, toca echar la vista atrás y revisar las promesas que hice las pasadas navidades. No necesito releer lo que entonces escribí para intuir mi incumplimiento. Vagamente recuerdos los objetivos, ya eso es mala señal. ¿Cómo voy a vivirlos de verdad si casi los he olvidado? Quizás no se trate de desmemoria, sino que los borré de mi mente a propósito, emborroné la información según iba corrigiendo el rumbo, según rehacía los planes. Asúmelo, Mrteh, ha llegado el momento de entonar el mea culpa.

Planeaba viajar por Marruecos para descubrir nuevos rincones, como esas siete fuentes de las que tanto he oído hablar, y realizar un gran recorrido en coche por la costa mediterránea hasta Ujda, con parada en la Alhucemas que mencionáis sin descanso, quizás para así imitar el que hice hasta Sidi Ifni el año anterior. Pero ninguno de esos lugares conozco todavía, y eso me debilita el ánimo porque sé cuánto me habría divertido y lamento haber dejado pasar la oportunidad sin atraparla.

Prometí mirar al pasado para rememorar los recorridos que otros hicieron antes que yo. Bowles era el referente, pero soñaba con una lista casi interminable. No me atrevo ni a mencionarlos, no sea que dentro de un año siga sin haber conocido sus historias.

Me imaginaba escribiendo a todas horas: terminar la caminata de Francesca hasta Mulay Idris y planificar al detalle el robo de un Gharbaoui. Y, sin embargo, lo confieso, ni un minuto he otorgado a la pobre italiana en su inseguro peregrinaje, a pesar del salvaje olor de los jacarandas en flor, que me tienta a revisar las polvorientas notas. Tampoco he permitido que los muchachos comiencen a discutir qué cuadro han de llevarse. Casi no puedo creerme que hayan transcurrido doce meses sin escribir ni una coma sobre ellos.

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¿Qué te duele, Mul Yaqueta?

Pero ¿por qué me empeñaré en fustigarme? Cuando dije lo que dije, justo acababa un fabuloso periodo sabático en el que tenía tiempo para hacer lo que quisiera y eso me hizo sobreestimar el espacio que las nuevas ocupaciones me concederían. No debería ser tan crítico con mi propio desempeño. Quise abarcar más de lo podía. En realidad, ha sido el año de transformarme definitivamente: ahora soy profesor de español y los comienzos requieren un esfuerzo adicional. Y no dudo que lo he realizado. Ha sido por tanto una mera cuestión de prioridades. ¿De dónde me vendrá entonces esa manía de fijarme únicamente en lo que está pendiente y no celebrar lo que he conseguido? Debería maravillarme de haber compaginado mi nueva vida con la escritura semanal en este blog. Una verdadera escuela donde a la vez soy maestro y alumno.

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¿No ete hace soñar lo que hizo Delacroix?

Dejo pues los lloriqueos para otro rato y comienzo la celebración: Bravo por la improvisación que me ha llevado de regreso a Bzu y a pasear por Beni Mellal. Aunque el efecto que ansiaba no fuera el que conseguí. ¿Acaso puede uno alegrarse cuando los amigos hablan de dificultades? Es verdad que no leí a muchos viajeros, pero las cartas de Delacroix me sirvieron de guía para degustar el fruto de su aventura. Y no puedo dejar de sonreír al recordar las aventuras de Abdeslam. Discúlpame la falta de humildad al enorgullecerme por haber completado y revisado sin descanso la traducción de El limón, de Mohamed Mrabet. Y no solo eso, sino que he escrito el prólogo que invita a su lectura en voz alta. Tengo que brindar también por el privilegio de haber sido testigo de lo bien que se desenvuelve mi querido Mrabet cuando desgrana su vida y su obra. Estar a su lado en Casa Árabe, atento y embobado, ha sido sin duda mi momento estrella del año.

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¿Acaso fue un sueño?

Entonces ¿en qué quedamos? ¿Dolor o gloria? Un poco de ambos, supongo. Si todo se resume en viajar y escribir, de las dos cosas ha habido, aunque a medio gas. Sí, pero no. Podría confesar que me consume no haber publicado aún Meshi shughlek o celebrar que he aprendido a esperar y a reírme pensando que acabará siendo una obra póstuma.

Entonces ni dolor ni gloria, mejor reforzaré mis promesas para trabajar en los sueños inconclusos: viajar por Marruecos, hasta Ujda, Sebaa Aiun o dónde el viento quiera llevarme (que sea mejor acompañado); leer lo que otros vivieron o imaginaron en este país; y escribir, no dejar de lado a Francesca ni a esos otros que me cuentan sus secretos al oído.

14 comentarios sobre “2019: sí, pero no

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  1. Qué bien volver a leerte! (uno de mis propósitos para este nuevo año es no postergar hacerlo). Mi segundo viaje a África de este año, a Senegal, ha terminado de enamorarme de esa tierra. Feliz año, muchos besos y muchos viajes, Mrteh!

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  2. Hola Alberto

    Recuerda estas palabras de John Lennon: ‘La vida es eso que pasa mientras haces otros planes.’

    Me gusta este resumen que aparece en el post: ‘Todo se resume en viajar y escribir.’ Poco a poco, estas creando un blog de viajes adaptando la literatura de viajes de otras épocas al gusto de esta.

    Feliz 2020

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  3. Me encanta como analizas tu año y la segunda parte en que te perdonas y te das cuenta de todo lo bueno que has hecho.
    Las circunstancias cambian. Aprovecha el aprendizaje, seguro que ahora eres capaz de planificar mejor el nuevo año.
    Un consejo, rompe esos objetivos tan graves en retos más pequeños, que sean más fáciles de conseguir.
    Gracias por tus reflexiones

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    1. Gracias a ti por tu consejo. De hecho, lo voy a tener que utilizar porque me está costando definir los objetivos 2020. No quiero pecar de ambicioso esta vez.

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  4. Hola,Alberto tu examen para ver lo no realizado en 2019, me ha hecho recordar que te prometi enviarte una tarjeta postal cada mes, me falta por cumplir las dos últimas, te las enviaré.
    Espero saber en qué queda el viaje de Francesca.
    Un abrazo

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